Alejado del mundo desde la Presidencia de México, López Obrador no quiere cuantificar los costos de su etnocentrismo.

Regodeado por la historia bajo la falsa creencia de que todo pasado fue mejor, el presidente se niega a creer que la aprobación del nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, Canadá y México ya se encuentra en la agenda compartida de Mike Pompeo y Marco Rubio.

La correlación de temas tan disímbolos entre sí como lo son el comercio de Norteamérica y la dictadura de Nicolás Maduro era mínima cuando México alentó la creación del Grupo de Lima el 8 de agosto del 2017 con el objetivo grupal de tomar la estafeta de la OEA sin Estados Unidos y los países del Caribe.

López Obrador y el secretario de Relaciones Exteriores no evaluaron —y si lo hicieron se equivocaron en la concatenación de variables— su decisión de dar un paso atrás en los cada vez más ambiciosos objetivos del Grupo de Lima.

En el cuerpo sociológico mexicano corren venas nacionalistas que, al ser azuzadas con la Doctrina Estrada y/o frases refritas como “la no intervención” y la “libre autodeterminación de los pueblos”, el bombeo sanguíneo se potencia dando como resultado una especie de renacimiento de los Niños Héroes.

La creación del Mecanismo de Montevideo, bajo el patrocinio de México, ha sido una decisión fallida desde la cancillería mexicana porque nació muerto debido a que la palabra de Maduro es ingrávida; no tiene peso ni credibilidad. (El papa Francisco ya le manifestó su desconfianza.)

El Mecanismo de Montevideo tuvo dos interpretaciones: para la grada sur (México) resultó seductora la idea de generar diálogo entre el régimen de Maduro y el entorno democrático de la Asamblea Nacional, sin embargo, para la grada norte (Estados Unidos), el Mecanismo resultó ser un premio para Maduro. Así lo leyó el senador Marco Rubio, vínculo entre Carlos Vecchio y Donald Trump.

Vecchio se convirtió en director del área internacional del partido Voluntad Popular —Leopoldo López y Juan Guaidó pertenecen a esta agrupación— desde el exilio, y actualmente es el representante de Negocios del presidente paralelo venezolano.

Rubio es el senador que le está preparando a Trump su reelección en Florida a través de Venezuela, es decir, a un costo que incluye una eventual invasión militar.

En un mensaje tuitero del 8 de enero, Marco Rubio escribió: “Tenía la esperanza de que podríamos redefinir la relación entre Estados Unidos y México como una asociación estratégica. No como una relación de ayuda desde Estados Unidos. Una alianza para abordar nuestros retos comunes. Pero el apoyo inexplicable del nuevo gobierno a Maduro ha puesto todo eso en duda”.

Un día antes de que Rubio escribiera el tuit intimidatorio, desde la diplomacia estadounidense comenzaron a surgir señales preocupantes para México. Kimberly Breier, secretaria de Estado adjunta para Latinoamérica, tuiteó un mensaje del secretario Mike Pompeo. Sin mencionar a México pero con palabras hechas a la medida del país, dijo: “Ahora es el momento para que cada nación elija. No más retrasos, no más tretas. O están con las fuerzas de la libertad o son aliados de Maduro y su caos”. Breier remató el mensaje con: “Ha llegado el momento de elegir”.

El final de Maduro

No es difícil colocar una conjetura sobre la mesa geopolítica de Pompeo: México, al transferir vida a Maduro, no sólo se queda solo en el continente, también queda extremadamente vulnerable frente al Congreso estadounidense y la Casa Blanca, figuras clave para autorizar el acuerdo comercial T-MEC.

Maduro se ha convertido en un cadáver político y al gobierno de México, paradójicamente, le conviene que su final sea lo más rápido posible. De lo contrario, la presión de Estados Unidos, España y en general de la Unión Europea crecerá. La apuesta de EU a favor de la salida de Maduro del Palacio de Miraflores es un punto de no retorno, es decir, es altísma. Son casi 50 países los que han roto relaciones de facto con Maduro. Algo no visto en el siglo XXI.

¿Hasta dónde están dispuestos a apostar López Obrador y Ebrard por la farsa de un diálogo en un momento en el que ni el papa Francisco valora la palabra del dictador?

Elliott Abrams, el rostro de Trump en el tema, comentó el miércoles en la Cámara de Representantes que se avecina una “tormenta”. A la misma hora pero en la Casa Blanca, Trump recibía al presidente Iván Duque para delinear detalles de lo que vendrá después del 23 febrero, día mediático para Guaidó y los suyos durante la entrega a la ayuda humanitaria. El día después podría tomar nuevo rumbo de acuerdo con la estrategia Trump-Duque. Colombia está dispuesto a jugársela por Guaidó.

En la realpolitik, ambos saben que Cuba es el último clavo que sostiene a Maduro. Y, en particular, Trump sabe que el T-MEC  está en vilo porque él sólo piensa en Florida, el estado que rompe empates en las elecciones presidenciales.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.