A la vuelta de los primeros años de este siglo quedó demostrado que el sueño comunitario de finales de la centuria pasada no es tan sencillo de llevar a cabo cuando no todos los jugadores son iguales.

Grecia en primer lugar, pero muy de cerca Portugal, Irlanda, España e Italia enfrentan dificultades económicas que los exponen a tener que declararse incapaces de hacer frente a sus compromisos financieros.

El país helénico está muy cerca de tener que informar a sus acreedores que no tiene la capacidad de responder a sus deudas en los términos en que están contratadas y que tendrían que sentarse a la mesa a renegociar los términos de sus futuros pagos.

Esto a pesar de que el Fondo Monetario Internacional de la mano del resto de la Unión Europea no sólo están confirmando la entrega total de los recursos comprometidos (110,000 millones de euros), tampoco descartan la inyección de más dinero para el rescate, algo así como otros 40,000 millones de euros.

Pero llega el momento en que los que pagan esto dicen ya basta, en especial el motor central de la vieja Europa: Alemania. Porque está claro que los recursos que se inyectan a los griegos sirven como ayuda de terapia intensiva, pero no son suficientes para levantarlos de la crisis.

Ganan tiempo en Atenas para que funcionen las medidas de austeridad, recorte, despidos y privatización internas. Pero cada vez que se anuncia algo y sale la gente a las calles con justa razón, los que sacan la cartera para los rescates se preguntan si podrán realmente con su recomposición financiera ante tal presión social. Muchos -y me incluyo- lo dudamos.

Por eso en Berlín quieren que Grecia de una vez acepte que no puede pagar y renegocie los términos de sus deudas. El problema es que detrás de los griegos se van los portugueses, irlandeses, españoles y hasta los italianos, provocando una catástrofe financiera a los acreedores franceses, alemanes, ingleses y demás.

Por eso, hay quien pide darle a esas economías menores unas vacaciones del euro para que con una moneda inferior pudieran recomponer sus niveles de competitividad.

Sólo que sacarlos de la moneda única europea implica que las instituciones financieras se queden atrapadas con deudas denominadas en euros, mientras que los dracmas, pesetas, liras, o como sea que se denominaran sus monedas locales, tomarían otro camino devaluatorio.

Al final, estarían obligados a tomar un camino no sólo lejano de la moneda única europea, sino también de la misma Unión Europea, pues ya no podrían cumplir con una larga lista de requerimientos de la unidad. Por eso es que empieza a manejarse la idea de que, si los débiles no pueden salirse del euro, entonces los fuertes los dejen con su moneda única mientras ellos negocian y crecen con su propia divisa.

La idea es simple: quédense con su euro, recuperen sus niveles de competitividad, mientras en esta parte del continente seguimos nuestras vidas con un über euro o sea, un nuevo euro.

Sí, así en alemán. Porque evidentemente quien más ha cargado con los problemas financieros del resto de la Unión son los alemanes y la realidad es que socialmente están llegando a un punto de hartazgo donde la gente cree que primero con la incorporación a la Unión Europea y ahora con los rescates, ya han hecho mucho por los PIIGS.

La moneda gold de Europa estaría diseñada para economías como la alemana, austriaca, holandesa o finlandesa, sólo para países con ese nivel de productividad e ingreso. El resto, de Francia para abajo, tendría la opción de recomponerse con el viejo euro y si algún día logra verdaderos niveles de competitividad alcanzará a la moneda élite y la reunificarían.

Esto pondría en problemas a muchos acreedores alemanes que mantendrían deudas en el viejo euro (o en euro para pobres), pero en el análisis del costo de oportunidad podrían ser los sacrificados de la ecuación.

Mientras que, por el contrario, los sistemas financieros de los otros europeos no sentirían tanto el impacto, como si fueran expulsados de la moneda única.

Es un hecho que en cualquier fórmula de separación monetaria habría perdedores porque implica el fracaso de un modelo.  Pero ante las evidencias de que Europa está en la raya, todos buscan la salida que más les convenga.

Hoy esto de la implementación de un über euro suena a finanzas-ficción, pero es un hecho que en territorio alemán quieren una salida así y la quieren en no mucho tiempo.