México tiene amortiguadores para suavizar el efecto.

A raíz de la mera discusión en mayo sobre el inicio de la disminución del estímulo monetario en Estados Unidos (el llamado tapering) los países emergentes y América Latina no fue la excepción vieron disminuir el interés de los inversionistas foráneos ante la expectativa de una menor liquidez global.

En este contexto, han surgido voces de alerta sobre la supuesta fragilidad de América Latina frente a una disminución de las entradas de capitales de corto plazo. Es cierto que hemos visto, en general, un aumento de los déficit por cuenta corriente en los últimos años, especialmente en América del Sur.

Con todo, existen una serie de elementos que reducen significativamente la vulnerabilidad de la mayor parte de los países de la región frente al inicio del tapering.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que muchos de los déficit por cuenta corriente en la región han sido el resultado, sobre todo, de un aumento de la inversión no residencial, más que un repunte del consumo, lo cual significa una mayor capacidad productiva a futuro y la mayor sostenibilidad de esos déficit. Además, nuestras previsiones apuntan a una flexión a la baja de esos déficit externos a partir de este año.

Por ejemplo, en Perú, el déficit por cuenta corriente (5% del PIB en el 2013, el mayor de la región) ha estado condicionado por la inversión en proyectos mineros que, cuando empiecen a operar, contribuirán a un aumento de las exportaciones y a la reducción de esos déficit exteriores hacia 3% del PIB en el medio plazo, niveles claramente manejables.

Segundo, las entradas de capitales de corto plazo no son imprescin-dibles para cubrir los déficits por cuenta corriente en la región, que están íntegramente financiados con Inversión Extranjera Directa (IED). Hay que recordar que la IED es intrínsecamente menos volátil que los flujos de cartera ante turbulencias en los mercados internacionales, como las observadas desde mayo.

Con todo, la disminución de las entradas de capitales en América Latina por el tapering ha tenido por supuesto efectos negativos sobre los precios de los activos en la región y sobre los tipos de cambio, pero eso es muy distinto de una situación de insostenibilidad exterior.

Precisamente, ha resultado clave que los países de la región integrados con los mercados financieros internacionales (México, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Uruguay, entre los países con mayor tamaño) cuentan, a diferencia de las crisis externas de los años 80, con amortiguadores para suavizar los efectos de las turbulencias financieras internacionales.

En primer lugar, la existencia de tipos de cambio flexibles, que actúan como la primera variable de ajuste. La reducción de posiciones descalzadas en dólares por parte tanto del sector privado como de los gobiernos (incluso en países que aún tienen una dolarización alta, como Perú o Uruguay), permite que una depreciación del tipo de cambio ya no tenga un efecto neto negativo sobre la actividad económica como hace treinta años.

En segundo lugar, los elevados niveles de reservas internacionales en los países integrados con los mercados financieros. Éstas se complementan, en algunos casos, con líneas de financiamiento flexible del FMI (Colombia y México), significativos fondos soberanos (Chile) e incluso grandes inversiones de cartera de residentes en el exterior (fondos de pensiones). Al mismo tiempo, se ha reducido sustancialmente la deuda en moneda extranjera y las necesidades de financiamiento a corto plazo en la mayoría de países.

Resulta alentador que después de casi un mes del inicio en firme del tapering de la Reserva Federal no hemos observado cambios bruscos en las entradas de capitales ni en los tipos de cambio o precios de los activos en América Latina, y los mercados permanecen abiertos.

Esto refuerza la idea de que el tapering ya se incorporó casi por completo en los precios de los activos en el segundo y tercer trimestre del 2013, lo cual contribuyó a corregir cierta sobrevaloración que habíamos observado hasta ese momento. Hacia adelante, la región enfrentará condiciones financieras menos favorables por la retirada de estímulos de la Fed, pero los diferenciales soberanos y corporativos seguirán siendo claramente benignos en la comparación histórica.

*Economista Jefe para América del Sur de BBVA Research.