El embajador Salazar ya acudió a Palacio Nacional para hacer saber “de la preocupación de Estados Unidos sobre el contenido del proyecto legislativo”.

Todo buen pendenciero, sea grupal o individual, mide siempre muy bien en contra de quien la emprende. En ese orden, es muy posible que, tal vez, el presidente Andrés Manuel López Obrador no sea un buen pendenciero en razón de que con su contrarreforma eléctrica ha entrado en plena confrontación con dos entidades muy poderosas. Primera y más importante, en contra del gobierno de los Estados Unidos, poderosa potencia económica que es el destino de la mayor parte de las exportaciones de México. Y, en segundo lugar, también se ha desatado una nueva confrontación presidencial con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

En cuanto al gobierno estadounidense, el embajador de ese país declaró textualmente el viernes de la semana pasada que “muchas empresas de Estados Unidos y México están brindando energía limpia, asequible y confiable a México”. La declaración del diplomático se produjo a raíz de una reunión que sostuvo en relación al mentado proyecto de contrarreforma, con representantes de empresas que operan en el sector de las energías renovables. En tal sentido, afirmó el diplomático, “líderes del sector eléctrico me contaron de primera mano su trabajo continuo para lograr el objetivo” de proveer al país de electricidad limpia y accesible. Pero, sobre todo, Salazar ya acudió a Palacio Nacional para conocer de primera mano “el ímpetu de la reforma” y, además, de manera muy importante, hacer saber a las altas autoridades del gobierno mexicano “la preocupación de Estados Unidos sobre el contenido del proyecto legislativo”.

Por su parte, sobre este mismo tema el Consejo Coordinador Empresarial solicitó al presidente López Obrador cesar sus ataques verbales en contra de empresas asociadas a ese organismo cúpula. Ello, después de que acusara a firmas como Bimbo o Femsa de actuar de “manera egoísta en su esquema de autoabastecimiento eléctrico”.

No es posible adivinar cuál será el desenlace final de esta gran polémica que ha desatado el proyecto de la autodenominada reforma eléctrica. Pero lo que sí es posible decir con toda certeza, es que a la fecha ya ha causado muchos daños. Uno de ellos muy grande y que ya estaba en marcha desde hace mucho tiempo durante el actual gobierno de la supuesta 4T, en cuanto a causar un deterioro muy marcado de la propensión a invertir por parte de las empresas privadas, tanto locales como externas. Parece como si el crecimiento económico hubiera desaparecido del mapa de sus intereses.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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