El pasado jueves 19 de julio publicamos la última de las entrevistas que hicimos Laura Vargas-Parada y yo con algunos de los 27 Premios Nobel que se reunieron a principios de este mes en la pequeña, lacustre y muy bella ciudad de Lindau, al sur de Alemania, en la encrucijada con Suiza, Austria y no muy lejos de Francia.

Los Nobeles nos hablaron del futuro y la energía (Robert Laughlin), cambio climático y política (Mario Molina), espintrónica y computación (Albert Fert), fotosíntesis y biocombustibles (Hartmut Michel), la promisoria proteómica (Kurt Wüthrich), la precisión extrema y espectral (Theodor Hänsch), los sonidos del Universo (George Smooth) y por supuesto nos dieron algunos comentarios sobre el (casi seguro) bosón de Higgs.

Pero como resumen, y en un esfuerzo, quizá torpe, de sacar conclusiones de todo esto, yo quiero buscar nexos con las empresas y el futbol.

¿Nada nuevo? Para mí sí

Mientras mis colegas se quejaban de lo vacío de la ceremonia de inauguración de la Reunión de Premios Nobel en Lindau, el 1 de julio, yo no dejaba de estar gratamente sorprendido con la misma, y, creo, no nada más estaba deslumbrado por la presencia de tantos laureados, además de una condesa, algunos altos políticos alemanes, oficiales del Grupo Carnegie y algunos de los estudiantes más brillantes provenientes de 64 países (incluidos cuatro mexicanos).

Lo más jugoso de la ceremonia, o al menos lo que más se quiso resaltar de la misma, fueron las dos distinciones honorarias que se entregaron a un político (el Dr. Tony Tan, presidente de la República Singapur) y a un ingeniero y empresario (Ferdinand K. Piëch, presidente de la Mesa de Supervisión de Volkswagen), quienes pasaron a ser integrantes del Senado Honorario de la Fundación Lindau para la Reunión de Ganadores del Nobel en el Lago Constance .

Lars Heikensten, director de la Fundación Nobel de Estocolmo nombrado recientemente, contó en su intervención que, como era nuevo, como primera tarea decidió averiguar quién fue Alfred Nobel, y procedió a mostrarnos lo bien que había hecho la tarea y qué buen tipo fue el creador de la dinamita y de otros 350 inventos.

Resulta que Nobel no solo tenía cargos de conciencia por el uso que se le había dado al más sonado, sonoro y redituable de sus inventos, también era un científico, inventor y empresario –dijo Heikensten-. Era una especie de hombre del renacimiento con intereses en las humanidades, la filosofía y las artes, incluso escribió una obra de teatro y su interés por la literatura se vio en la institución posterior del Nobel correspondiente, igual que su preocupación por la Paz .

Con los premios que instauró en su testamento (y a los que dejó el 99.7% de su fortuna), Nobel no quería tanto premiar esfuerzos y logros como fomentar el progreso, quería un mundo mejor , concluyó Heikensten.

Por su parte, la ministra alemana de Educación e Investigación, la Dra. Annette Schavan (ojo, que los políticos hasta ahora mencionados tienen grado de doctor), dio un discurso con una cifra que me llamó la atención: la inversión en investigación y desarrollo que ha hecho Alemania ha crecido un 53% en los últimos seis años. Creemos que la ciencia requiere de socios políticos confiables , dijo.

Es decir, no se habló de ciencia ni se dijo algo nuevo (razones para el enojo de mis colegas periodistas), pero yo estaba encantado porque muchas cosas eran nuevas para mí y porque estaba aprendiendo sobre lo que llaman el espíritu de Lindau , que no solo es la pasión por la ciencia, la apertura a la discusión, la dedicación a la educación y el establecimiento de conexiones, que ya estupendos en sí mismos.

En un video sobre el espíritu de Lindau, Richard Escritt, ex director de la Comisión Europea de Investigación, comenta que no sabe de ningún otro evento donde tanta gente dé su tiempo de forma tan generosa ni donde haya tantos donadores, organizaciones comerciales, fundaciones, que ponen tanto dinero sin esperar algo a cambio .

¿Y el futbol?

Al mismo tiempo, estaba la copa europea de futbol, con su campaña que promovía la aceptación de la diversidad. Vi la final en un Biergarten (como el Kindergarten pero con estupendas cervezas bávaras) que parecía parte de esa campaña, había personas de todo el mundo; tan solo en mi mesa estaban representados Brasil, Colombia, China, Alemania y México.

(En la foto que acompaña este post no estoy, con mi guayabera naranja , en un Biergarten, sino en una relajada reunión de periodistas a la que nos convidó la ciudad de Lindau... la carita que se ve en la esquina inferior izquierda es de Laura... tengo la impresión de que, con presencia de los dos, y con la excepción de Alemania, México es la nación más representada en esta imagen).

Un par de días después, cuando se dio la noticia de que encontraron el bosón de Higgs y algunos premios Nobel la comentaron, el físico Carlo Rubia parecía seguir en el espíritu de la copa de futbol más que el de Lindau, pues cuando le preguntaron sobre cuándo creía que se daría el premio Nobel al descubrimiento dijo: La pregunta no es cuándo. Hay 400 personas trabajando en cada uno de los dos experimentos que llegaron al resultado, de acuerdo con las reglas del Nobel va a ser muy complicado ver a quién se lo dan y, tras destacar que esos cientos de personas provienen de todo el mundo, agregó: Creo que es un magnífica prueba de que sí podemos trabajar juntos y llegar a grandes éxitos .

¿A poco no ven luces suficientes para que me haya deslumbrado?

No quiero entrar en detalles de cifras, pero consideren que crecí en un lugar del mundo (quizá el mismo que ustedes o uno similar) donde la ciencia, la política y la industria no van juntas a ningún lado; donde nuestra aceptación de la diversidad es tal que ser indígena es sinónimo de ser pobre y marginal; donde la gente se hace rica por su habilidad en la política, el manejo del dinero, la mordida, la evasión fiscal y la explotación de los trabajadores, no por sus inventos relacionados con la Física, la Química o la Biología; donde los empresarios creen que los científicos solo quieren encerrarse en su torre de marfil y los científicos desconfían de los empresarios porque saben que, en general, no están dispuestos a invertir en investigación y desarrollo

Tampoco quiero pecar de malinchista ni digo que toda Alemania ni toda la Unión Europea compartan el espíritu de Lindau, pero sí quiero decir que ese espíritu existe y presumir que, por unos días, estuve, abrumado por su sabiduría y su generosidad, en contacto con él.