La crisis económica y financiera de la eurozona sigue siendo uno de los focos rojos de la frágil recuperación global de la economía, pero el escenario de un final catastrófico del euro ya no es la bestia negra que espanta a los mercados en el corto plazo debido a la nueva política monetaria de expansión cuantitativa del BCE, que ha resuelto los problemas de liquidez de la banca, y en menor medida a la reestructura parcial de la deuda de Grecia. Ayer, el BCE prestó €530,000 millones a bancos de Europa a dos años y tasa de interés 1% que supera el billón de euros. El precio del petróleo es ahora el principal factor de riesgo.

Desde la posguerra mundial, casi todas las recesiones en EU han estado precedidas por un alza importante en el precio del petróleo. Así ocurrió con la crisis del canal de Suez (1956), en la guerra Árabe-Israelí de Yom Kippur (1973), en la revolución Iraní (1978), en la guerra de Irán-Iraq (1980), en la guerra del Golfo Pérsico (1990), y en la Gran Recesión del 2008. Años de investigación académica han establecido que no se trata de una coincidencia, sino de una relación compleja entre el precio del petróleo y el nivel de la actividad económica. Cuando el precio del petróleo sube, el nivel de actividad económica es afectado a través de varios canales. Los consumidores deben gastar más en gasolina y otros derivados del petróleo y les obliga a gastar menos en otros bienes y servicios. En los países exportadores netos de petróleo, como EU, este incremento equivale a un impuesto cuyos ingresos se trasladan a los exportadores.

El petróleo es un insumo básico en muchos procesos productivos, por lo que el incremento de su precio aumenta los costos de producción y baja la oferta.

Finalmente el incremento de este precio presionará a la alza los precios de otros sustitutos energéticos. En condiciones ideales, con precios y salarios flexibles, este choque generaría una pérdida de producto. En condiciones reales, los costos económicos serán mucho mayores debido a rigideces en los mercados de producto y factores de la producción.

La economía de EU consume aproximadamente 21 millones de barriles diarios a precio actual del petróleo Brent (US110) y gasta cerca de US881,000 millones, lo que equivale a 5.8% del PIB. Suponiendo que las demanda de petróleo de consumidores y productores no fuera elástica, un incremento de 35% en los precios le cuesta a la economía 2% del PIB. Desde luego se trata de un límite superior al costo, ya que no supone sustitución y no toma en cuenta los efectos positivos de la producción domestica de petróleo. En el modelo macroeconómico de la Fed estima un costo menor (1%), basado en un cálculo de elasticidad del precio del petróleo del producto de 0.03 por ciento.

Los efectos sobre la economía global de un aumento del precio de petróleo dependerán de la magnitud del mismo y de su duración. Un choque similar al de la guerra Árabe-Israelí enviaría el petróleo Brent a US180 el barril, un aumento de 63 por ciento. Si estos incrementos persistieran durante dos años, el crecimiento de EU declinará entre 1.4 y 2.5 por ciento. La Fed estima que ese país crecerá en un rango de 2.2-2.7% durante los próximos dos años, así que una nueva guerra duradera en el Golfo Pérsico que afectara seriamente la producción mundial de petróleo podría reducir el crecimiento a un rango de 0-1% y generar el riesgo de una nueva recesión.

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