En la primera entrega de este artículo mencioné el contexto general del aceite de palma y su importancia en las industrias alimentaria y cosmética, así como en el sector bioenergético; para esta segunda parte abordaré los retos y oportunidades que representa esta oleaginosa para México

Nuestro país presenta actualmente una demanda interna de 562,000 ton/año de aceite crudo de palma, de las cuales se importa 85% proveniente de otros países. Para satisfacer la demanda interna es necesaria su producción en 262,000 hectáreas, actualmente existen en el país 62,000 hectáreas para este propósito.

Los principales estados productores de palma se encuentran en el trópico mexicano, liderando la producción el estado de Chiapas.

Chiapas ocupa el primer lugar en superficie cultivada de palma de aceite en México al contar con 46,406 hectáreas establecidas, que representan 74% de la superficie total nacional, que de acuerdo con el INIFAP, esta entidad del sureste mexicano cuenta con las condiciones agroclimáticas apropiadas para el establecimiento de más de 400,000 hectáreas adicionales.

En Chiapas, la producción de palma de aceite se ubica en cuatro regiones económicas: zona maya, Tulijá, Soconusco e Istmo-costa.

En promedio se producen 14 toneladas por hectárea de racimos de fruto fresco (TRFF), que son la materia prima para las plantas extractoras de aceite, las cuales se ubican en las regiones productoras.

Además, 70% del suministro de fruta a las plantas extractoras proviene de productores individuales y organizados, 30% restante, de plantaciones propias de las agroindustrias.

En el estado operan siete industrias extractoras, pero por su magnitud y consolidación destacan las empresas como Grupo de Agronegocios Sustentables del Trópico, SAPI de CV y Agroindustrial Uumbal SAPI de CV, las cuales tienen plantas extractoras por arrancar y que por su tamaño serán las referentes en el desarrollo de las zonas de Marqués de Comillas en la selva y en la zona de Palenque.

Para aprovechar de mejor manera las oportunidades de negocio en el cultivo de la palma aceitera, en específico con los productores de superficie cultivada a baja escala, se requiere capacitar y formar estructuras técnicas especializadas en la actividad; que a su vez apoyen la capacitación y asesoría técnica a productores, para promover la adopción de nuevas tecnologías que mejoren la productividad de las plantaciones, a través de la implementación de buenas prácticas agrícolas, enfocadas a la rentabilidad y sosteniblidad, mediante programas de desarrollo de productores asociados a las industrias, considerando apoyos gubernamentales, que permitan incorporar a pequeños y medianos palmicultores al financiamiento formal.

De igual manera se han desarrollado modelos de colaboración para la capacitación de productores e industrias entre FIRA, integrante de la Banca de Desarrollo de la SHCP, y Femexpalma (Federación Mexicana de Palma de Aceite) a fin de cumplir con la norma RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil), la cual es una certificación obligatoria a fin de garantizar la correcta producción de la palma de aceite bajo estándares de buenas prácticas agrícolas y sin afectaciones al medio ambiente, teniendo como plazo el año 2020 para cumplir con dicha certificación.

*Pablo Calderón Arreola es agente de FIRA en Palenque, Chiapas. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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