Deseamos ver el final de la pandemia. Si bien se esperan nuevas olas de contagio no serán de la misma magnitud que las anteriores. Lo anterior, es producto de la existencia de mejores tratamientos, a lo que suma un mayor conocimiento del virus por parte de la mayoría de la población. No serán aquellas terribles escenas de Dante Alighieri de principios del año pasado. No obstante, sin haberle dado la vuelta a pandemia, afrontaremos serias consecuencias socioeconómicas. Estamos apreciando cómo, a partir del rebote económico al que asistimos, han comenzado a surgir serias fallas en la cadena de suministros, almacenamiento y logística al tiempo que se profundiza en el avance tecnológico global. En un mundo integrado, la dispareja recuperación logística tendrá implicaciones en el abastecimiento de estas cadenas de valor. Por su parte, la atención puntual para detener el cambio climático, requieren decisiones rápidas de inversión a gran escala. A lo anterior se suma la explicación que tendrán que dar los gobiernos a sus sociedades del porqué, luego de obtener por mandato de ley más del 35% de la riqueza de sus gobernados, sus sistemas de salud, así como sus redes de protección social se encontraban en precariedad total antes de la aparición del Covid. ¿Qué hacen los gobiernos con el dinero de los ciudadanos?

Lamentablemente estamos por entrar a la segunda parte de la pandemia que no será menos difícil que la primera, habrá duros efectos por la prolongada parálisis económica. Las facturas comenzarán a cobrarse, por ejemplo, el número de pobres habrá aumentado de forma considerable, con altos niveles de marginación lo que impactará notablemente en una migración acelerada con creciente demanda por alimentos, medicamentos y refugios. La clase media, sostén real de los países, tendrá presiones significativas para seguir solventando su gasto, preparación, créditos y pago de impuestos. Los primeros tratamientos eficaces contra el Covid iniciarán costando al menos 700 USD por persona, claramente fuera del presupuesto del 80% de la población mundial. La falta de empleo simplemente no podrá solucionarse con la sola reapertura económica; el acelerado avance tecnológico ha comenzado a suplir puestos de trabajo a lo que se suma la pertinente lentitud con la que el sector empresarial irá abriendo nuevas plazas pues ya ha asumido los altos costos laborales por liquidaciones. A todo ello, debe añadirse la considerable presión para ajustar las políticas monetaria y fiscal, situación que acarreará inestabilidad en las tasas de interés globales al igual que en los tipos de cambio en este sentido habrá nerviosismo en los mercados, acentuado por los altos niveles de inflación que, por mencionar algunos, Argentina supera el 58%, EU, 5% y México 6 por ciento. No esperemos buenos tiempos.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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