El abandono de la zona euro es una posibilidad creciente. Si ocurre, abriría la puerta para que otros más lo hicieran. Grecia sería el primero en sumarse.

En estos días hay una historia más triste que la de Grecia. Es la de Portugal. Hace nueve meses, los lusos fueron rescatados con un salvavidas de 78,000 millones de euros por la UE y el FMI. El rescate estaba diseñado para resolver las necesidades financieras de Portugal hasta finales del 2012. Las cosas no salieron como fueron planeadas. Portugal requiere otro rescate o una puerta de salida de la zona euro.

Resultó que el salvavidas era de plomo. Al acceder a los recursos se comprometió a emprender un paquete brutal de medidas de austeridad para bajar el déficit del sector público de 9 a 3% del PIB. La medicina está matando al paciente: en el 2011 la economía decreció 2.2% y el pronóstico para el 2012 es una caída adicional de 3.1 por ciento. En un año, el desempleo ha crecido 40% y está ahora en torno de 15 por ciento. El registro de negocios que quebraron aumentó 60% respecto del 2010. Los portugueses hablan de una nueva ola migratoria, similar a la que abandonó el país en la década de los 60. Los jóvenes están saliendo en cantidades importantes. Sus destinos favoritos son Alemania, Angola y Brasil.

El gobierno no ha cumplido con la meta de bajar el déficit. La caída de la actividad económica ha significado la reducción de sus ingresos por impuestos y también ha mermado su capacidad de maniobra. El primer ministro, Pedro Manuel Passos Coelho, está comprometido con el cumplimiento de la agenda de austeridad, pero tiene dificultades crecientes para implementar las acciones que siguen. Ya detuvo la construcción de una vía de tren rápido que uniría Portugal con España y suspendió la ejecución de un nuevo aeropuerto para Lisboa. No le será fácil reducir el presupuesto de Salud (que se lleva 10% del PIB) y continuar con el despido de los burócratas.

Los mercados apuestan a que Portugal caerá en default en los próximos días. Por ello, obligaron a los lusos a pagar una tasa récord de interés (17.4%) para emisiones en euros. No es que Portugal sea uno de los países más endeudados del viejo continente. Su deuda pública representa 103% del PIB. Es menor que la de Italia, Grecia, Irlanda, Francia y Gran Bretaña. El problema principal es que no tiene una forma de demostrar que puede hacer frente a sus compromisos. Los ingresos públicos están en mínimos por la debilidad de la economía. Sus empresas públicas no son lo más atractivo del mundo en estos momentos.

Portugal importa mucho por varias razones. Es un claro ejemplo de que la medicina económica que se está aplicando en Europa no funciona. Este pequeño país, que ocupa una superficie ligeramente mayor que Jalisco, no es un gran exportador de bienes y servicios, pero podría convertirse en el gran exportador de una crisis importante.

Una moratoria en el pago de su deuda golpearía directamente a los bancos e indirectamente a las instituciones de la UE. El abandono de la zona euro es una posibilidad creciente. Si esto ocurriera, abriría la puerta para que otros más lo hicieran. El primer candidato a sumarse es Grecia. No es un escenario remoto, pero sí catastrófico. Despertaría la incertidumbre que comenzó el 2012 un poco adormecida. En estos días, en Atenas hay una delegación cerrando el enésimo acuerdo para mitigar la tragedia griega. Nadie está optimista. En el aire suena triste fado: Lisboa se está desfalleciendo y los economistas no encuentran el remedio para sus males.

[email protected]