La porcicultura mexicana se remonta al siglo XVI, cuando los españoles introdujeron cerdos europeos y asiáticos. Estas especies, en su producción sin control, dieron origen a los cerdos criollos . De esta manera, los cerdos criollos se diseminaron por todo México hasta la importación de razas Duroc y Poland China en el siglo XX

Con la importación de razas mejoradas, hasta 1940 la porcicultura desempeñó un papel importante en el campo mexicano como una fuente de autoabasto alimenticio, bajo un tipo de explotación de traspatio o rústico.

En la década de los 40, la porcicultura se convirtió en la segunda fuente de abastecimiento de carne en México aportando cerca de 20% del total.

En la década de los 60 se registra la importación de cerdo de Estados Unidos, pero la falta de asistencia técnica e infraestructura en el cruzamiento de las razas generó un nuevo biotipo cerdo corriente .

En los 70, la porcicultura logra su mayor auge, pasando a ser el sistema ganadero más importante del país por volumen de producción, surgiendo la porcicultura moderna tecnificada sobre todo en Sonora lo que permitió que el consumo per cápita pasara en 1972 de 11.2 kg a casi 21 kg en 1983.

La crisis financiera de 1982 generó el incremento de costos y deterioro del poder adquisitivo, lo que impactó en que algunos alimentos de origen animal fueran sustituidos por productos de origen vegetal y carne de pollo a precios muy bajos.

Aunado a esto, en 1985 se retira el subsidio a la producción de sorgo, elevando aún más los costos y propiciando la reducción del inventario, producción y consumo de carne de cerdo.

Como medida ante la problemática anterior, se acelera la apertura comercial en la década de los 90 (TLCAN), sin embargo, ante las ventajas competitivas de nuestros aliados comerciales las importaciones comerciales de carne de cerdo se dispararon, generando el abandono y cierre de granjas en 40 por ciento.

Esto ocurre ya que, con la apertura comercial, México tenía diversos factores, tanto internos como externos, que estaban incidiendo en su menor competitividad comparada con EU y Canadá: una alta inflación, tasas de interés altas, sistemas productivos en México diversos (traspatio, semitecnificado y tecnificado) por lo que no se podía ofrecer calidad, precio, sanidad y producción de forma homogénea para realizar un frente comercial común.

A raíz del tratado comercial, la producción y exportaciones han venido creciendo hasta la actualidad; sin embargo, no lo han hecho al mismo ritmo que el consumo nacional, por lo que la producción nacional se ha sustituido por las importaciones generándose una balanza comercial deficitaria en la porcicultura, ya que en los últimos tres años se ha dependido de éstas en más de 35% para abastecer el mercado nacional durante el periodo 2006-2015.

En la segunda entrega en este mismo espacio abordaré de manera general qué acciones se emprenden actualmente en la producción de carne de cerdo en México y la nueva reingeniería que se necesita para impulsar su desarrollo y generar una porcicultura sustentable con productos de calidad, en principio para satisfacer nuestro mercado interno y también para la atención de mercados exigentes como Japón, China y Corea.

*Nehemías Castellanos Hernández es el titular de la Agencia La Piedad de FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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