En memoria de Alonso Lujambio

Hay personas que cuando se van, dejan en otras tantas la convicción de seguir trabajando y algún día lograr lo que estas primeras con tanto afán lucharon. Ahora que se aprobó en una de las Cámaras, la reforma laboral, más de uno ha recordado a Carlos Abascal, quien había conseguido un amplio consenso con el sector obrero y patronal, de la que se llegó a llamar la ley Abascal, y que desafortunadamente en su momento, por coyunturas políticas, se quedó en la congeladora legislativa, como otras tantas en esta materia, hasta que se le dio el carácter de preferente.

Lo mismo podríamos decir de Alonso Lujambio, quien dejó un camino emprendido, aunque aún lejos de ser concluido, por elevar la calidad de la educación en México.

En memoria de este gran mexicano, que sabía y se sentía orgulloso de la responsabilidad que implicaba despachar en la oficina de José Vasconcelos, retomo otro capítulo del documento de la OCDE: México: mejores políticas para un desarrollo incluyente .

El documento reconoce que si bien ha habido un avance sustantivo en materia de cobertura educativa por el cual prácticamente todos los niños de entre cinco y 14 años van a la escuela, el reto actual, consistente con nuestra evolución demográfica, es aumentar el número de quienes acceden y quienes terminan la enseñanza media superior y superior, así como elevar la calidad en todos sus niveles.

La prueba contundente es la prueba PISA de la OCDE que muestra que, a pesar de que el desempeño de los estudiantes mexicanos mejoró entre el 2006 y el 2009, aún está muy por debajo del de otros países de la Organización.

La PISA se ha convertido no sólo en el más robusto estándar de medición y comparación de la calidad educativa a nivel internacional, sino en un receptáculo de experiencias documentadas sobre mejores políticas en materia educativa, aquellas que les han permitido a sistemas tan distintos como el de Corea y Finlandia alcanzar la excelencia con equidad y a países en desarrollo como China, Chile o Polonia avanzar con pasos decisivos en pocos años.

El sistema educativo más eficiente en la PISA del 2009 fue el de Shanghai, cuyo PIB per cápita es muy inferior al promedio de la OCDE, lo que demuestra que un promedio bajo de ingreso no es incompatible con buenos resultados en educación.

Entre las recomendaciones de la OCDE­ hechas al presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, en esta materia destacan:

Seguir ampliando la cobertura educativa y el cuidado de la primera infancia, y al mismo tiempo elevar su calidad mediante la formación de capacidad del personal y el mejoramiento pedagógico.

Fortalecer la inversión en la eficacia de los docentes, especialmente por medio de la capacitación inicial y la formación continua, revisar los procesos para asignar los docentes a las escuelas y crear conciencia de que su actividad es una profesión. Esto debe acompañarse de un sistema bien diseñado e implementado de evaluación de los docentes.

Aprovechar mejor la información sobre el desempeño de los estudiantes y también la información disponible sobre los estándares curriculares, de desempeño docente y de gestión escolar, no sólo para evaluar las escuelas, sino para garantizar que se mejoren las áreas que lo necesitan.

Reformar el financiamiento de la educación superior, buscando un equilibrio entre el costo público y el beneficio social (colegiaturas vs subsidio), fomentando la transparencia de la asignación de recursos a las instituciones e impulsando mecanismos que apoyen a los estudiantes más pobres y promuevan la igualdad.

El beneficio social y económico de estas reformas puede ser muy sustancioso, pues, como afirma la OCDE en su reciente Estrategia de Habilidades (Skills Strategy), el mayor activo de las economías en la era del conocimiento es la población preparada y con herramientas para permanentemente actualizar sus habilidades.

El beneficio para México es particularmente alto, por su bono demográfico. La OCDE estima que incluso una mejora relativamente modesta de 25 puntos en la nota media de la PISA durante los próximos 20 años podría incrementar el PIB de México en 4.8 billones de dólares durante la vida de la generación nacida en el 2010 (cifra expresada en valor presente neto del aumento previsto del PIB real).

*El autor es Director del Centro de la OCDE en México para América Latina.