En mi artículo de la semana pasada, indiqué que lo que está en juego en las elecciones que se llevarán a cabo el próximo domingo es la modernización del país. Como mencioné, con el marco institucional actual, la economía mexicana no puede crecer a tasas altas y sostenidas para con ello lograr mayores niveles de bienestar de las familias mexicanas, abatir significativamente la incidencia de pobreza y avanzar paulatinamente hacia una mayor equidad en la distribución de la riqueza. De ahí la imperiosa y urgente necesidad de hacer las reformas estructurales. La pregunta es quién de los candidatos tiene la voluntad y la posibilidad real de hacerlas.

Podemos de entrada descartar a Gabriel Quadri. Tiene las mejores ideas, pero sus posibilidades de ganar son obviamente nulas. La bondad de Quadri fue que durante la campaña puso sobre la mesa de discusión temas importantes que hasta ahora no habían sido tratados. Su verdadera aportación fue haber indicado la importancia de la libertad individual como condición sine qua non para alcanzar niveles elevados de desarrollo económico.

Al otro que podemos descartar es al señor López. Sus planteamientos de política económica son en gran medida inconsistentes, además de haber dicho que él no haría ninguna de las reformas porque no son más que propuestas neoliberales que nos quieren imponer de fuera . Su idea de que una renovación moral y el combate a la corrupción serían más que suficientes para lograr mayores tasas de crecimiento económico es irreal. Sus cuentas fiscales simplemente no cuadran. Plantea una mayor participación del gobierno en la economía, política que como hemos experimentado, sólo introduce mayores distorsiones que terminan por cancelar las posibilidades de desarrollo económico sostenido.

Josefina Vázquez Mota tiene, de manera similar a Quadri, una visión liberal. Sus planteamientos de política económica han sido, en general, los correctos y ha referido que está comprometida con las reformas estructurales. El problema en este caso no es de voluntad, sino de posibilidad. Los presidentes Fox y Caderón han tratado de llevar a cabo las reformas, pero se han enfrentado a la oposición en el Congreso de manera similar a lo que sucedió con Zedillo. Tal como indican las intenciones de voto para la elección de diputados y senadores, Vázquez Mota se enfrentaría a un Congreso de oposición, por lo que se volvería a repetir la experiencia de los últimos 15 años. Pasar las reformas sería difícil, aunque no imposible.

Finalmente, está el caso de Enrique Peña Nieto. Sus planteamientos de política económica también han sido en general correctos, aunque una gran parte de ellos se enfocan a un mayor gasto público y no ha dicho cómo los financiaría. Se ha comprometido con pasar las reformas estructurales y el PRI podría tener la mayoría en el Congreso. Y he aquí el problema. Tendría que negociar en el Congreso con legisladores que no están de acuerdo con las reformas, porque hacerlas eliminaría muchos de los privilegios y prebendas que ahora tienen poderosos grupos de interés, tales como sindicatos, burócratas, políticos y empresarios. En el caso de que las reformas pasaran por el Congreso, éstas no tendrían la profundidad requerida para tener un impacto significativo en el crecimiento económico.

Y así llegamos a las elecciones. El próximo Presidente se enfrentará a un entorno económico externo complicado, con Europa estancada y EU creciendo a tasas muy bajas. Las reformas estructurales son indispensables y la pregunta sigue siendo por quién votar. Podremos atisbar el futuro que nos depara.

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