El tema del club de productores no es nuevo. Desde hace más de 40 años se ha empleado este esquema en México, Francia, Argentina y otros países para incrementar la productividad, los ingresos y la calidad de vida de los productores del campo.

Los clubes de productores son un laboratorio vivo y dinámico para la validación y replicación de tecnologías. El punto de inicio de estas organizaciones se ubica en la identificar los productores líderes e innovadores de una cadena en una región específica, con tecnología replicable y con disposición para compartir sus experiencias.

A estos productores se les invita a formar un grupo de trabajo para probar diversas tecnologías. El club define la tecnología que cada uno de sus miembros estará probando en sus parcelas. A continuación, se lleva a cabo un proceso documentación y análisis de los resultados.

A partir del análisis de datos se identifica el punto en el cual las tecnologías generaron mayores ingresos a un menor costo, punto que no necesariamente implica la mayor productividad en campo. A continuación, se fomenta el intercambio de conocimientos y experiencias entre los miembros del club y se documentan las nuevas adopciones que cada uno haga en sus parcelas para el subsecuente ciclo de producción.

La tercera etapa, quizá la más importante, es el momento en que se invita a productores externos a que observen los resultados obtenidos por los miembros del club.

En este momento, lo que hizo un pequeño grupo de productores puede tener un gran impacto a nivel regional gracias a la replicación de sus experiencias.

El hecho de que sean personas que llevan toda una vida de conocerse y que los resultados se demuestren por sí solos es lo que fomenta la adopción de las nuevas tecnologías por una mayor población de productores.

Así, los beneficios de los clubes de productores son el ahorro en el tiempo para la validación de tecnologías en una región, la capacidad de replicación de tecnologías, el incremento en la producción a nivel regional y la oportunidad para generar negocios y activar economías regionales.

La cuestión es que este esquema implica invertir el tiempo de dos o tres ciclos productivos en un pequeño grupo de productores.

Sin embargo, el retorno, además de beneficiar a productores, puede generar oportunidades de negocio para intermediarios financieros, proveedores de insumos y empresas de servicios especializados.

El incremento en la productividad, además, puede estabilizar precios e integrar cadenas de valor. Retomemos los clubes de productores.

*Beatriz Margarita Zavariz Romero es especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. bzavariz@fira.gob.mx