El programa presentado el lunes no basta para revertir la atonía que vive el sector. Se trata de planteamientos generales que dejan sin responder cuestiones clave.

La presentación de la Política Nacional de Vivienda (PNV) no sirvió para despejar las incógnitas relacionadas con un sector que fue estrella en el sexenio de Fox y que empezó a dar muestras de agotamiento desde el tercer año de la administración calderonista.

La caída en el precio de las acciones de las empresas productoras de vivienda es la manifestación más clara de las inquietudes en torno del futuro a un sector que vale dos puntos del PIB, más o menos 25,000 millones de dólares anuales. Viene la transformación del modelo de producción de suelo vivienda y suelo urbano. Queda claro que el cambio tendrá como actor protagónico al gobierno federal y, en particular, a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu). Esta dependencia tiene como titular a Jorge Carlos Ramírez Marín, un político hábil, de actitud pragmática y muy cercano a Enrique Peña Nieto. A él corresponderá una tarea enorme: ordenar el caos. Establecer las bases para regular el desarrollo urbano, definir lo que corresponde a producción industrial, vivienda y otros usos. Romper un círculo vicioso y sentar las bases para un crecimiento sano.

La Sedatu no es la reforma agraria con otro disfraz, sino la piedra angular de la nueva política urbana. Las vivienderas deberán reorganizar su modelo de negocio a partir de esta realidad. Podemos suponer que el castigo al precio de las acciones de estas empresas en la BMV tiene que ver con una incertidumbre justificada frente a lo que viene: ¿Cuánto cambiará el proceso de compra de terrenos ejidales? ¿Qué pasará con el nuevo Infonavit? ¿Cómo se coordinará la Sedatu con las autoridades locales? Nadie resultará más afectado por esta transformación que las desarrolladoras de vivienda. Son seis que cotizan en la BMV y alrededor de 2,000 las que trabajan con el Infonavit. Vienen tiempos inciertos para ellos. Pondrán a prueba su capacidad de adaptación a una nueva realidad.

El cambio no ha gustado a los empresarios del sector vivienda. Argumentan que el plan presentado carece de los detalles que les permitirán tomar decisiones estratégicas. Tiene razón, pero hay que hacer matices. Para ser justos, el cambio era inevitable. El modelo de producción de vivienda y suelo urbano está agotado. Dos datos dan cuenta de esto: en México, hay de 1.8 a 2 millones de casas deshabitadas, según el Censo de Población y Vivienda 2010. El segundo dato es significativo: la producción de vivienda ha caído dramáticamente en su participación en el PIB en cuatro años, de 2.3 a 1.6%, del 2008 al 2012.

La PNV que se presentó el lunes no bastará para revertir la atonía que vive el sector. Son planteamientos generales que dejan sin responder algunas cuestiones claves: ¿qué tan intrusiva será la Sedatu en cuestiones clave para el sector, como el desarrollo de reservas territoriales? ¿Cómo se coordinará la Sedatu con el Infonavit? La Sedatu tiene un mandato enorme y un raquítico presupuesto. Para el ejercicio del 2013 se le otorgaron 5,867 millones de pesos, más o menos lo mismo que tenía la Secretaría de la Reforma Agraria en el 2012. A pesar de su estrechez presupuestaria, tiene en su favor la habilidad negociadora de Jorge Carlos Ramírez Marín. Esta capacidad no es poca cosa en un país tan deficitario en materia de confianzas. ¿Podrá convencer Ramírez Marín a los empresarios del sector vivienda? Ése es su primer reto y no es tan complicado como ordenar el caos.

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