Desde hace varios meses, los ojos del mundo financiero han estado principalmente preocupados por la situación en Europa y, de manera más reciente, en lo que ocurre en España.

Como hemos mencionado en este espacio en ocasiones anteriores, España vive su peor crisis en décadas.

El país ibérico está en recesión por segunda vez en tres años.

España está enferma y la medicina recetada para curar el cáncer amenaza con debilitar el potencial de crecimiento y tejido social, a tal grado que el lustro perdido amenaza con convertirse en una década perdida.

He recibido varios mensajes de lectores que coinciden en el complicado diagnóstico para el país ibérico, pero a la vez preguntando qué tan grave es el problema para el resto del mundo si la economía española tiene un peso relativamente pequeño en la economía global -España representa 2.2% del PIB global.

La problemática que España representa para el resto del mundo tiene más que ver con un posible contagio o efecto dominó sobre otras economías.

El PIB de España no tiene un peso que por sí solo pudiera desestabilizar el crecimiento de la economía global, sobre todo cuando hay mercados emergentes de tamaño similar que están experimentando tasas de crecimiento mejores a lo esperado. Sin embargo, la contribución de España a la deuda global es desproporcional a su PIB.

La proporción de deuda total a PIB en España es cercana a 70%, según lo reportado actualmente. No obstante, hay estudios más pesimistas que estiman una proporción más cercana a 80-85 por ciento.

A diferencia de otros países, como Italia o Japón, donde la proporción de deuda total al PIB es mayor, España es de los países más dependientes en el financiamiento externo y, en ausencia de éste, del financiamiento otorgado por el Banco Central Europeo (BCE) para mantener vivo a su sistema financiero y sus finanzas públicas.

En otros casos, como Italia y Japón, hay una participación más alta del mercado doméstico para el financiamiento de dicha deuda.

A primera vista, el impacto de la recesión española en el PIB global pareciera ser limitado, pero es necesario reconocer los efectos secundarios.

La recesión hace más difícil alcanzar las metas de desapalancamiento del sector público, dificulta el refinanciamiento de la deuda pública en condiciones favorables en los mercados internacionales. Asimismo, la recesión tiene un impacto importante en los resultados de las entidades financieras.

Estas entidades financieras no han tenido acceso a los mercados internacionales para refinanciar los casi 80,000 millones de euros que deben ser refinanciados en el 2012.

La recesión podría obligar al gobierno a entrar al rescate de algunas instituciones financieras. Tal es el caso de Bankia, el tercer banco más grande de España en términos de activos.

El gobierno español calcula que la recapitalización del sector financiero podría tener un costo de 45,000 millones de euros para el gobierno.

Sin embargo, hay especialistas que estiman que el tamaño de este paquete de rescate es, por lo menos, el doble.

La recesión en España podría tener un impacto desproporcional a su tamaño en la economía global por tres razones: I) la fuerte dependencia del sector externo para el refinanciamiento; II) el potencial incremento en las necesidades de financiamiento una vez que los bancos reconozcan el tamaño real de sus necesidades de capital, y III) la vinculación del sector financiero español con otros países, tanto en Europa como en América Latina.

España no tiene más remedio que recurrir a Europa para pedir más recursos para recapitalizar a su sector financiero. Europa no tiene más remedio que dar este apoyo y probablemente relajar las medidas de austeridad para que la medicina no acabe matando al paciente.

El país europeo ha hecho su tarea en los últimos meses en cuanto a reformas estructurales, pero su impacto en el crecimiento potencial de la economía no se sentirá en el corto plazo. El BCE y el FMI tienen que reconocer que, sin crecimiento, España está condenada a un rescate más grande, más costoso y más doloroso.