Hoy la mayoría de las personas enfrenta una dicotomía. Por un lado, potencialmente pueden ser las mejor informadas, porque tienen a su alcance prácticamente cualquier información que se quisiera conocer, sobre cualquier tema que les resulte (o debiese resultarle) importante; producida por centros de investigación, medios de difusión y divulgación reconocidos, páginas y revistas especializadas y centros de datos, entre otros.

Por el otro, ante el exceso de información, ante sesgos que impiden a las personas analizar y discriminar adecuadamente la información, frecuentemente acceden a la peor información disponible, lo que los convierte en los hechos en los más desinformados.

La realidad es que la mayoría de las personas transitan en medio de una profunda ignorancia porque frecuentemente obtienen información incorrecta, imprecisa, tendenciosa o no verificada. En muchos casos, esa obtención de información errónea deriva de lo que se conoce como sesgo de confirmación: aquel que lleva a que sólo busquemos, aceptemos o divulguemos información, cuando ratifica la visión y preconcepción que se tiene sobre un tema determinado.

De acuerdo con libro Too Much Information, publicado recientemente por Cass R. Sunstein —coautor junto con el premio Nobel de Economía, Richard Thaler, del libro Nudge— el propósito de la información debería ser permitir a las personas tomar mejores decisiones. Sin embargo, frecuentemente las personas perciben que cierta información les provoca sensaciones malestar o incertidumbre que, o bien los hace alejarse de dicha información (sin importar lo correcta o útil que sea), o los lleva precisamente en el sentido contrario de la decisión correcta.

Sunstein describe el fenómeno de “Evitar información”, que se expresa en que las personas, no sólo prefieren no saber, sino que toman acciones concretas para evitar tener mejor información.

De acuerdo con Sunstein, las personas desean información cuando perciben que ésta les produce emociones positivas o cuando la información tiene un valor instrumental; esto es, cuando permite “escoger lo que se desea escoger y evitar lo que deseamos evitar”.

El problema ocurre cuando las personas perciben que cierta información producirá sentimientos negativos. Personas que tienen una idea preconcebida sobre los hechos o las decisiones que han ocurrido en el pasado (por ejemplo, con sus decisiones financieras), cuando encuentran información nueva que muestra que sus decisiones del pasado son incorrectas, perciben que tendrán emociones negativas de arrepentimiento, lo que las hace alejarse de la nueva información, prefiriendo buscar aquella que, aunque claramente incorrecta, ratifica sus decisiones previas y les produce sentimientos favorables.

Ello ocurre, por ejemplo, cuando una persona analiza una compra del pasado, que una decisión previamente tomada (como su voto). Al encontrarse con nueva información presente, que muestra que su decisión anterior fue parcial o totalmente incorrecta o que los elementos que llevaron a que fuese una decisión adecuada en el pasado, ya no se mantienen en el presente, prefiere evitar esa información o busca aquella que continúe ratificando su creencia previa.

Cuando se trata de decisiones financieras, está documentado que el fenómeno del arrepentimiento sirve para modelar decisiones arriesgadas del presente o para corregir decisiones incorrectas tomadas en el pasado. Pero la base de dicho arrepentimiento típicamente es información creíble nueva. Por ello, cuando evitamos información que nos puede hacer sentir mal, aunque sea fundada, se limita nuestra capacidad de corrección y de mejora de las decisiones del futuro.

Sin información valida y verificable, estamos condenados a seguir tomando malas decisiones en el futuro, que comprometerán nuestro bienestar, incluyendo el financiero.

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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