Los diarios Reforma y El Financiero no se caracterizan por ser partidarios de la 4T. Es más, son bastante críticos del presidente Andrés Manuel López Obrador y de su gobierno.

El mismo AMLO no esconde la antipatía que siente hacia estos dos medios y en muchas de sus conferencias de prensa la ha manifestado.

Sin embargo, pese a la animadversión mutua que existe entre esos dos medios y el presidente, las encuestas más recientes hechas por los primeros señalan que el segundo goza de una gran popularidad.

La encuesta realizada por Grupo Reforma, en noviembre del 2019, indicó que 68% de los mexicanos aprobaban la forma en que el presidente estaba haciendo su trabajo. La encuesta realizada por Alejandro Moreno para El Financiero en diciembre del 2019 a 800 adultos mostró que 72% de los mexicanos aprobaban su trabajo.

Para los críticos del presidente, estos resultados son inaceptables y no se detienen un instante para analizar las razones de su popularidad. Pareciera que viven en otro país o, como lo anotó The Economist Intelligence Unit para explicar la regresión o estancamiento de la democracia en tantos países, al presentar sus resultados de su Índice de Percepción de la Corrupción 2019: existe “una brecha cada vez mayor entre las élites políticas y los partidos, por un lado, y los electorados nacionales, por el otro”. Yo añadiría que esa brecha cada vez mayor existe entre las élites económicas y sociales, por un lado, y las clases medias bajas y bajas, por el otro.

Es un hecho que, quienes pertenecen a esas élites, no sufren por las carencias que caracterizan la vida cotidiana de los pobres o casi pobres y, por lo tanto, no entienden cómo una decisión del presidente López Obrador lo hace más popular entre los que viven precariamente.

Un ejemplo es la decisión de haber impulsado el aumento al salario mínimo.

Hasta diciembre del 2018, 8.7 millones de mexicanos ganaban un salario mínimo de 2,650.80 pesos al mes, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi difundida en agosto de ese año.

Ese mismo mes, el nuevo gobierno de AMLO anunció que, en acuerdo con empresarios y sindicatos, el 1° de enero del 2019 el mínimo aumentaría 16.21% para quedar en 3,080.40 pesos mensuales.

Y en diciembre pasado, otra vez después de acordarlo con empresarios y sindicatos, el gobierno anunció un aumento de 20 por ciento; 3,696.60 pesos al mes, a partir del 1° de enero de este año.

Lo anterior significa que, en dos años, el mínimo que ganan unos 9 millones de mexicanos asalariados aumentó 39.45%, lo que se traduce en una verdadera mejoría en la calidad de vida de estas personas.

Baste un ejemplo para afirmar lo anterior.

Hace unos días, la plataforma de compras picodi.com publicó un estudio que realizó en 54 países que indica que, en México, los gastos en la canasta básica de alimentos representa 44.7% del sueldo mínimo neto del 2020, mientras que la misma canasta de productos constituía 50.4% del salario mínimo del 2019.

Gracias a estos aumentos, quienes ganan el mínimo tienen un poco más de dinero para adquirir otros bienes y servicios y, naturalmente, se lo agradecen a Andrés Manuel.

Quienes no se explican el por qué de la popularidad de AMLO harían bien en salir de su privilegiada burbuja de vez en cuando.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.