En los últimos días he leído de manera insistente comentarios, entre ellos del propio Instituto Federal de Telecomunicaciones, que las tarifas de los servicios de telecomunicaciones disminuyeron en forma sensible a lo largo del año pasado, comportamiento que se reflejó de manera muy favorable en la estimación de la inflación para todo el 2015, que al haberse ubicado en 2.13% anual, es la más baja en la historia económica de nuestro país. Desde luego que se trata de un resultado extraordinario que hay que presumir.

Sin embargo, de ahí a pensar que ya logramos el propósito de la ambiciosa reforma constitucional del 2013 y la correspondiente Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, del 2014, hay un enorme trecho. El dato más elocuente que sirve para afirmar esto es la evolución en el tamaño del mercado de servicios móviles, que a partir del establecimiento de las obligaciones de preponderancia, ha crecido de 102 millones de usuarios a 104.5 millones al tercer trimestre del 2015, un incremento de apenas dos millones y medio de usuarios, que se traduce en un crecimiento de 2.5% en dos años. Para ilustrar el pobre desempeño en crecimiento de usuarios, basta voltear a ver lo que ocurrió entre el 2010 y el 2012, período en el que el número de usuarios aumentó en 10.6%, es decir, el ritmo de crecimiento de usuarios, con una regulación mucho más laxa y favorable para el Preponderante, fue 4.3 veces mayor que el ritmo que hoy observamos.

La dramática caída en las tarifas no se está traduciendo en una incorporación significativa de nuevos usuarios, es decir, gran parte de los beneficios se han trasladado a los usuarios que ya estaban y que se han hecho extensivos a un número reducido de esos millones de mexicanos que al momento de la reforma no tenían acceso a servicios móviles, en entre otras razones, porque a las tarifas vigentes en ese momento, no podían pagar el servicio.

Ante la llegada del plazo que el IFT se autoimpuso para evaluar el impacto de las obligaciones de preponderancia que estableció al preponderante en el sector telecomunicaciones en marzo de 2014, resulta muy necesario que el órgano regulador haga un estudio amplio que explique de manera sólida las razones por las que el mercado no está creciendo en número de usuarios, a pesar de la muy importante caída en los precios de los servicios móviles.

Anaya, la economía no es su fuerte

El fin de semana el líder del Partido Acción Nacional hizo declaraciones sobre un tema que a todas luces no es su fuerte: el estado de la economía. Encarrerado en sus aventuradas declaraciones, afirmó que la economía mexicana no solamente no va bien, sino que ha tomado un rumbo francamente preocupante . También advirtió que es inaceptable que el gobierno federal cierre los ojos ante la depreciación del peso frente al dólar .

Alguien le pasó mal los datos sobre el desempeño de la economía y el contexto internacional en el que lo hace. Por ejemplo, las estadísticas del empleo formal reportan un desempeño por encima del desempeño observado en muchos años. Los salarios contractuales crecieron en 2015 en 1.5% en términos reales, el mayor crecimiento en esta variable desde el 2001.

El tipo de cambio ha reaccionado fundamentalmente en función del nerviosismo que permeó en los mercados internacionales con el inicio del presente año, en el que las olas provocadas por el desencanto con el crecimiento de la economía china han producido reacciones mayores a las esperadas, pero que gracias a las reformas recientes, dan a nuestra moneda mayor solidez que la que se asocia a muchas otras. México está enfrentando este entorno con niveles adecuados de endeudamiento y con mejores perspectivas de crecimiento.

*El autor es Senador de la República

Twitter: @GerardoFloresR