El 11 de mayo de 2012, Enrique Peña Nieto asistió a un evento en la Universidad Iberoamericana. Todavía era candidato. El resultado ya se sabe: un golpe mediático y político y el nacimiento de un movimiento llamado YoSoy132.También como candidato, el 3 de diciembre de 2011 el mismo personaje asistió a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Le preguntaron cuáles libros habían marcado su vida y respondió confundiendo autores y libros de Enrique Krauze y Carlos Fuentes. 

Ambos eventos lo siguieron a lo largo de su presidencia y se citaban como ejemplos de insensibilidad e ignorancia. Por supuesto, las dos situaciones fueron preparados por su equipo de manera torpe. ¿A quién se le ocurre en campaña ir a la Universidad Iberoamericana como si se tratará de 1970? Igualmente ¿vas a una feria del libro y no se te ocurre que te van a preguntar de libros? Hasta una pregunta tan boba, como los libros que han marcado su vida, le fue imposible de responder. 

Curiosamente, cualquier semana el presidente López dice más dislates y muestra más ignorancia e insensibilidad que Peña en un año. Para muestra: en la mañanera del 22 de septiembre pasado insistió que “este país” (México) tiene miles de años. Ya no dijo que tenía diez mil años como alguna vez mencionó, pero por ahí va la cifra. También dijo, como para demostrar que los españoles no eran tan civilizados, que en tres siglos de Virreinato no habían podido crear una vacuna contra la viruela, enfermedad que habían traído de Europa y causaba estragos en América. En cambio, siguió el mandatario, ahora la vacuna anticovid se había creado en menos de un año. 

Su insensibilidad es también conocida. Pongo ejemplos actuales y repetidos: sobre el trato inhumano que se le da a los migrantes en nuestras fronteras, los padres de los niños con cáncer o los científicos, académicos e investigadores ahora perseguidos por el KAFKACYT y la FGR. Nunca ha sido capaz de pedir disculpas, hacer correcciones, ofrecer ayuda solidaria. Vamos, ni siquiera aparecerse en lugares lastimados por la pandemia o las inundaciones. Su respuesta es invariable para quienes no le siguen el juego: son manipulados, son conservadores, son adversarios.

¿Por qué a uno (Peña) le costó tanto y al otro (López) no?

Básicamente porque nos guste o no, el mexiquense era torpe para responder y su equipo de medios inservible y el tabasqueño ni siquiera necesita quien le ayude, él maneja bien a los medios a través de una estrategia definida: a sus detractores los desprestigia y acusa de corruptos, acomodaticios e hipócritas y los amedrenta con investigaciones del SAT o de la UIF. A los suyos los avala en todo momento. Además, simplifica sus mensajes y pone las cosas en términos de buenos y malos.  Hay algo más importante: trata de acaparar la mayor cantidad del espacio mediático. Sus mañaneras, llenas de dichos, frases incoherentes, acusaciones sin fundamento y poca información útil son pasadas por el salón de belleza de los diarios que filtran la mayoría de las fruslerías presidenciales y presentan una versión más o menos legible. ¿Por qué consideran que es su deber periodístico no resaltar errores e ignorancia? Un misterio. Bien, pues estas mañaneras llenan los espacios mediáticos, le dan la iniciativa política a AMLO durante todo el día. Y así, día tras día. 

Lo curioso es que la oposición ha decidido meterse a esa cancha en donde no puede ganar. Le contesta al presidente en su juego y su actividad principal es cazar los errores del mandatario con escasos resultados, por cierto. Es como ver una versión mala de la película The Cell (2000; Tarsem Singh). En ella, la terapeuta, interpretada por Jennifer López, se mete en la mente de un asesino en serie. Obviamente, en este escenario, las reglas y el juego mismo la ponen en desventaja. Así está la oposición, jugando en la mente del presidente López.

Todos los días, en los medios y en las tribunas se hace la disección de los errores y horrores del presidente. Nunca tanta gente había tenido tanta razón y había obtenido tan pocos resultados. Da la impresión de que, con los resultados electorales del pasado junio, las oposiciones llegaron a su techo de cristal. Mi impresión es que este juego de ajedrez ya lo perdimos, a menos que pase algo que haga crecer a algún candidato opositor o alguna fuerza política alternativa o bien que se despeñe López Obrador. 

En suma, este gobierno es ineficiente en casi todos los rubros (seguridad, economía, combate a la corrupción, salud), pero la capacidad de comunicación de AMLO es muy eficiente, logra conectar con un gran auditorio. Así, si alguien espera que AMLO cambie, él puede contestar con el divo de Juárez: “pero qué necesidad…”