“A través de un proceso continuo de inflación, el gobierno puede confiscar, de forma secreta y sin ser observado, una parte importante de la riqueza e sus ciudadanos”.

John Maynard Keynes, economista británico.

Desde inicio del año y a la fecha, un tema de constante preocupación es el nivel de inflación que ha tenido el país. La inflación ha alcanzado en algunos meses niveles no registrados en los últimos 15 o 16 años.

El factor más evidente que detonó el incremento de los precios fue la liberalización de los precios de la gasolina en enero de este año. Su efecto, inicialmente previsto para afectar solamente los meses inmediatos a la medida, ha sido sostenido en el año y apenas hasta hace un par de meses ha empezado a estabilizarse ligeramente, mostrando signos de reducción. En los peores meses de este año, alcanzaron niveles cercanos al triple de los que se tuvieron en diciembre del 2015.

Tratándose de incrementos a productos como la gasolina, su efecto tiende a generar impactos amplios porque los precios de los combustibles afectan la cadena de suministro y distribución de muchos productos.

Sin embargo, la inflación, como en casi cualquier otro fenómeno económico, incide en el comportamiento de las personas, específicamente en las decisiones que toman al formarse expectativas de la inflación futura.

Algún antiguo funcionario de Banco de México decía que la inflación atravesó la economía real cuando el que te aumenta de precio es tu bolero. Ello significa que un incremento en los precios de productos como la gasolina, gradualmente se va trasladando hacia otros ámbitos de la economía a través de las decisiones que toman las personas (en lo particular y dentro de las empresas) en los ajustes de sus precios. Cuando una empresa decide cuánto incrementar sus precios, toma en cuenta en primer término cuál es el efecto que la inflación ha tenido en los insumos y procesos que determinan sus costos, pero adicionalmente, incorpora en su cálculo su espectativa de la inlfación futura, a partir de estimaciones que son influenciadas por una perspectiva de conducta.

Cuando se trata de productos y servicios que por su estructura de precios (ya sea por tratarse de precios unitarios bajos o por ser precios determinados de manera relativamente arbitraria), los ajustes ante la inflación real y la perspectiva inflacionaria se hacen con redondeos al alza. En un ejemplo, si la persona que le vende un jugo en la calle le cobraba 15 pesos, ésta no va realizar un ajuste inflacionario (ante una inflación de 6%) y le cobrará ahora 15.75 pesos; lo más probable es que ajuste el alza a 16 pesos, lo que implicaría un aumento de 6.7 por ciento.

Este efecto se produce en muchos de los precios de los productos que cotidianamente compramos, especialmente en productos cuyos ajustes de precio son, por razones estructurales, más espaciados en el tiempo. En las colegiaturas de las escuelas, típicamente se ajustan una vez al año al empezar el ciclo escolar, y el ajuste busca compensar el efecto inflacionario pasado, pero además compensar el potencial efecto de la inflación esperada futura. En periodos de inflación bajas (como las que tuvimos en México prácticamente hasta 2015), esos ajustes no se realizan porque la expectativa de inflación futura es baja; pero cuando la inflación ha venido creciendo mas aceleradamente, las personas toman decisiones de ajuste basados en muchos casos en escenarios más pesimistas, que refuerzan un ciclo de crecimiento de los precios.

Esta es una de las razones por las cuales la inflación es tan fácil de iniciar y tan difícil de controlar.

Por supuesto, la razón fundamental de la inflación no es la conducta de las personas, esta sólo se refuerza a partir de crecimientos iniciales de precios derivados fundamentalmente de desequilibrios macroeconómicos en temas como el endeudamiento público y el déficit.

En el caso de México, el incremento a los precios de la gasolina en enero, más que una medida equivocada que provocó inflación, fue una medida correctiva ante factores estructurales que impulsaban la inflación, como el crecimiento del endeudamiento público que hacía inviable sostener los subsidios a los combustibles.

Si bien estamos lejos de enfrentar los fenómenos inflacionarios que dañaron gravemente a la economía de las familias como las que enfrentó México en 1983 y 1988, y posteriormente en 1995 y 1996, la inflación de este año marca un rompimiento de una tendencia de estabilidad de los precios.

La responsabilidad de controlar la inflación es por un lado del Banco de México (y de su futuro nuevo gobernador), pero fundamentalmente está del lado de quienes ejerzan el gobierno y determinen si lo harán con disciplina fiscal y evitando el crecimiento desorbitado del endeudamiento.

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Raúl Martínez Solares

CEO de Mexicana de Becas

Economía Conductual

Desde 2006 fue Director Comercial de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo y a partir de enero de 2012 es Director General de esa empresa.

Es especialista en temas de estrategia de negocios y mercadotecnia; Economía Conductual, cambios demográficos y ahorro previsional de largo plazo, como pensiones y ahorro educativo.