La entrada a prisión del rapero español Pablo Hasél por haber enaltecido el odio de manera pública, ha detonado violentas manifestaciones y diversos saqueos de lujosas tiendas en Cataluña, especialmente en su capital, Barcelona, durante más de 10 días.

El gobierno del presidente Pedro Sánchez, con tal de extender el territorio a la libertad de expresión, ha mostrado su intención de cambiar el código que sanciona con cárcel el delito de odio. Las modificaciones a la ley orgánica no ocurrirán por decreto del Ejecutivo, sino por la decisión de tres cuartas partes de las Cortes Generales (Congreso). Sin embargo, bajo la actual legislación Hasél está en la cárcel por desear públicamente la muerte de varias figuras políticas.

Desde México, el caso del rapero Hasél ha logrado colarse a las conferencias de prensa del presidente López Obrador en cuatro ocasiones. AMLO pide que el rapero sea liberado por motivos de libertad de expresión.

Es una extraordinaria noticia que el presidente vincule su discurso con el exterior porque de esa manera rompería su visión etnocéntrica sobre la política. Es muy necesario que el presidente hable sobre el mundo. La mala noticia es que solo lo hace con España, y solo para criticarla.

La ausencia del mundo en sus comparecencias mañaneras responde a lo que el propio presidente López Obrador ha dado en llamar “la no intervención” en situaciones internas de países. Generalmente vincula “la no injerencia” con la “libre autodeterminación de los pueblos”. Pero, otra vez, la excepción es España. Al presidente mexicano le preocupa la situación del rapero, pero no la de cientos de presos políticos en Venezuela o Nicaragua.

Nicolás Maduro ha corrido a periodistas extranjeros y ha jibarizado el sistema mediático del país. Ayer, el canciller no reconocido por 54 países Jorge Arreaza, pidió a la agencia de noticias AFP revisar su línea editorial por un supuesto “desequilibrio informativo y desinformación”.

"¡Ya, libérenlo!", dijo la semana pasada el presidente López Obrador en referencia al rapero Hasél.

"Es un acto autoritario el que a un músico por una composición que supuestamente insultaba al rey lo metieran a la cárcel", agregó AMLO.

Sobre la aprehensión de Aung San Suu Kyi a manos del ejército birmano, que hace un par de semanas asestó un golpe de Estado, tampoco ha comentado nada el presidente mexicano. La represión del ejército durante el fin de semana dejó 11 muertos.

¿Por qué el presidente AMLO ha elegido a España como referente crítico de su gobierno?

Para elegir enemigos es necesario pensar en las implicaciones que detonaría un conflicto diplomático. El sexenio pasado, Jared Kushner le pidió al secretario Luis Videgaray seguir a Estados Unidos en su estrategia diplomática frente a Corea del Norte. Videgaray lo hizo. Corrió al embajador de Corea del Norte. Si bien es cierto que la decisión no la vinculó a las convicciones soberanas de México, su costo se limitó al ridículo. México y Corea del Norte no son socios estratégicos. 

España no es Corea del Norte. El costo de emprender una campaña contra España podría tener múltiples repercusiones: se lesionaría la amistad entrañable, se pondría en riesgo de manera innecesaria la firma del nuevo acuerdo con la Unión Europea y se trastocarían las profundas relaciones culturales.

Las coordenadas temáticas como blanco de las críticas de AMLO a España cubren un amplio espectro: el manejo de la crisis sanitaria (en España han muerto 68,813 y en México 185,000), las empresas Iberdrola y Endesa, la monarquía y el rapero, entre otros.

El tema de mayor polémica se remonta 500 años atrás, el de la conquista. El presidente AMLO desea que España pida perdón por lo ocurrido.

La ministra de Exteriores Arancha González Laya es una profesional de la diplomacia. Sus respuestas públicas frente a las críticas del presidente han sido muy discretas.

¿Hasta cuándo?

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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