La lectura del periódico El País le genera cierta indigestión al presidente López Obrador. Si leyera el ABC, quizá su molestia crecería mucho más, por tratarse de un medio monárquico.

Desde que asumió la presidencia el presidente mexicano ha lanzado algunas puyas en contra de los entornos político y empresarial de España. De manera sorpresiva envió una carta a la Casa Real en su intento de contemporizar lo ocurrido hace más de 500 años, pretendiendo escuchar de parte de Felipe VI una profunda disculpa por lo ocurrido durante la conquista. Lo que sorprendió de manera mayúscula fue que lo hiciera sin mediar un acercamiento diplomático para revisar los contenidos de su postura incómoda e inecesaria que bien pudo haber tenido consecuencias entre dos países amigos.

En la premisa-cantaleta de la “no intervención”, el presidente López Obrador ha intentado construir su proyecto diplomático, sin embargo, con España ha encontrado la excepción que no necesariamente confirma la regla porque el viaje a Washington de la próxima semana lo hace sobre la arena electoral de Estados Unidos.

Un par de semanas atrás el presidente criticó el trabajo editorial de El País pues su cobertura sobre los actos de corrupción del rey emérito Juan Carlos, según el mandatario, no pasa la prueba deontológica del periodismo.

“Lo exoneran sin investigación, y no hay nota, ni en El País, lamentable, por qué se ocupan de nosotros diario”, dijo sobre el rey emérito el presidente López Obrador.

AMLO se equivocó al pensar que el rey emérito fue exonerado. No lo puede ser porque su figura es inimputable.

El PSOE y el PP cerraron filas para rechazar la apertura de una comisión de investigación en el Congreso sobre la adjudicación de un contrato de un tren rápido en La Meca en la época en que Juan Carlos ejercía como monarca en funciones. Lo hicieron tomando como base el dictamen que los abogados de las Cortes elaboraron. Sin embargo, la fiscalía sí está investigando al rey emérito, y es probable que la conclusión de la misma sí afecte a la de por sí deteriorada imagen de Juan Carlos aunque judicialmente su figura sea inimputable.

“Lamentable porque se ocupan de nosotros diario, no solo la prensa mexicana, en este caso la prensa española, y se dan estas cosas que son de verdad una vergüenza, sobre todo para los españoles”, dijo el presidente mexicano.

El País es el periódico en español con mayor presencia en el mundo, en particular, en América Latina y en Europa. No es extraño que tenga desplegados a varios corresponsales en diversos países. En México abrió una edición en marzo de 1993. El ABC intentó algo similar a principios de este siglo pero el proyecto no evolucionó y desapareció de los puestos de periódicos.

“Por eso que vivan las benditas redes sociales, porque es lo único que hay aún con los bots, de todas maneras la gente puede expresarse con libertad, tiene la gente esa posibilidad de utilizar las redes sociales”, indicó el presidente esa mañana del 16 de junio. También se equivoca el presidente. Las redes sociales no son medios de comunicación en el sentido anglosajón. Un medio comercia la información y son profesionales del periodismo quienes lo gestionan. Las redes sociales son nodos de griterío que carecen de rigor periodístico.

España y México sostienen lazos históricos memorables. Los libros de Juan Marsé o Enrique Mendoza están presentes en todas las librerías de la ciudad de México; las camisetas del Barcelona y Real Madrid forman parte de la estética futbolera del país; y el periódico El País, para el nicho de los internacionalistas, es un diario de referencia.

¿Por qué el presidente mexicano ha lanzado críticas a España? Un misterio difícil de comprender. Y sobre lo que publica El País, muy fácil. No le gusta que lo critique.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.