Tres ideas:

  • Los hechos del Metro Olivos son un hecho político para el presidente López, no un tema humano
  • Necesita distraer del hecho hacia otro asunto
  • Ni el gobierno ni las oposiciones están cercanos a la vida y el entorno de las víctimas de todos los días.

Explico: 

El suceso (no sé si llamarlo accidente, incidente o crimen) ocurrido en la estación del Metro Olivos, en Tláhuac, en el que perdieron la vida 25 personas y salieron con heridas 79 más es un hecho político electoral para el presidente López. Le preocupa que sea usado para mermar sus posibilidades de controlar a la Cámara de Diputados. 

Por esta razón, se apresura a recurrir a un expediente que muchos políticos usaron antes: llama a no politizar la tragedia. Lo que quiere decir es que los medios no ahonden en las investigaciones sobre los muchos problemas que desde el principio tuvo la llamada Línea Dorada. 

Adicionalmente, endilga la responsabilidad a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, para que sea ella la encargada de dirigir los peritajes e investigaciones. Supongo que este asunto preocupa a Marcelo Ebrard por las razones que todo el mundo sabe. Con esto, deja en manos de uno de sus posibles sucesores la suerte del otro. Y se lava las manos. 

El presidente no para ahí y pasa a la ofensiva contra los medios. Trata de desacreditarlos y los acusa de estar asociados a grupos golpistas. Necesita que la gente vea el dedo acusador y no a lo que señala. Hasta aquí, sigue la línea de cualquier gobierno autoritario, como lo seguían los presidentes priistas: acusa a tu acusador, apela al nacionalismo, a las “fuerzas oscuras”. 

Pero el presidente López ha cruzado una línea sutil: ha pasado a ser acusador de sus acusadores, de la demagogia y la mentira, a la persecución política. 

Ejemplo 1: los medios informan que la Unidad de Inteligencia Financiera investiga las finanzas del juez Juan Pablo Gómez Fierro y familiares y cercanos. Este juez es el que ha dado amparos para frenar el padrón de celulares y la Ley Eléctrica. Este es su delito: contravenir los deseos del presidente. Esto es persecución.

Ejemoplo2: el ataque contra la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) en dos sucesivas mañaneras es una cortina de humo, es cierto, pero también es mucho más. Trata de distraer de las evidencias que hay sobre lo sucedido en el Metro Olivos inventando, sin decirlo, un supuesto complot en el que participa esta organización, medios como Reforma, Universal y Financiero, periodistas como Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Joaquín López Dóriga y Ciro Gómez Leyva, así como su empresario favorito: Claudio X. González. 

De paso, acusa también a Artículo 19, una prestigiada organización cuyo objetivo es defender la libertad de expresión y el derecho a la información de recibir dinero de Estados Unidos. Cabe señalar que no se necesita mucha investigación para descubrir este apoyo, tanto MCCI como A-19 lo transparentan en sus páginas. A la primera la acusa de traición a la patria por recibir dinero de Estados Unidos. 

El presidente no solo acusa, persigue con los recursos del gobierno a sus opositores y críticos. 

Para la oposición, lo ocurrido en el Metro también es un hecho político electoral. No puede ser de otra manera en una coyuntura en la que busca acotar, con débiles armas, el avance del poder autoritario del mandatario. En este tour de force, cabe preguntarse: ¿con quién están los ciudadanos? Es difícil saberlo, pero a primera vista parece que no están con ninguna de las dos opciones. 

Varias notas señalan que los Servidores de la Nación, el grupo propagandístico del presidente, mismo que se paga ilegalmente con nuestros impuestos, ha sido rechazado con cajas destempladas en varios puntos de la ciudad (¿y del país?), en especial en la zona de la alcaldía de Tláhuac. Pero a la oposición no le ha ido mejor. Los medios señalan que un grupo de panistas que se hizo presente en el lugar de la tragedia fueron rechazados. 

La vida de las mayorías transcurre en una esfera muy lejana de la de los políticos. Los muertos y heridos en el Metro son hombres, mujeres y menores de edad trabajadores, estudiantes; son padres, esposos, hijos, hijas, madres. Las víctimas mayoritarias de los terremotos, de las inundaciones, de los huracanes, de las batallas entre cárteles, de los chantajes de la policía, de la violación de sus derechos por parte de las fuerzas armadas, de los “accidentes” y del Covid-19. Ellos ponen los muertos y heridos. “Tristes hombres si no mueren de amores, tristes, tristes”.