Es un hecho que ahora que está más cerca el desenlace del proceso electoral, la competencia tenderá a estrecharse. Quizá no lo suficiente como para un cierre de fotografía como hace seis años, pero las últimas semanas han movido el piso de todos los candidatos.

Quizá el único que se ha confiado un tanto es Quadri, porque se le contrató no para ganar la Presidencia, por supuesto, sino para conservar el registro del partido de La Maestra Elba Esther Gordillo, y tal parece que lo va a lograr.

No serán cuatro puntos de diferencia, pero el acortamiento de la distancia entre el puntero Enrique Peña Nieto y sus dos competidores, Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota, en ese orden, hacen al priísta salir de su zona de confort.

Las promesas de mejorar las vialidades o de construir una escuela o un hospital son compromisos inocuos para las finanzas de un país, porque implican reasignaciones del gasto muy manejables.

Pero el decálogo de propuestas que lanzó este fin de semana el candidato presidencial del PRI puestas sobre la mesa, así como lo hizo, sin especificar la fuente de financiamiento, parece una pieza salida de los peores momentos del populismo tricolor de los 70.

No hay persona en su sano juicio que no vea con buenos ojos que le aumenten el sueldo, le bajen los precios y le regalen útiles escolares y hasta un seguro de vida. La gran pregunta es ¿eso con qué se paga?

Si queremos convertirnos en la Grecia Latinoamericana de la siguiente década, pues entonces el decálogo del gasto a manos llenas presentado por el PRI es la receta perfecta.

Más fácil, si queremos ser otra vez el México quebrado y fracasado de los años 80, los 10 puntos son ideales para conseguirlo.

A no ser, claro, que de inmediato expliquen cómo es que el plan económico de Peña Nieto no será un detonador de deuda e inflación.

Veamos los puntos a detalle. Punto número uno: Vas a ganar más por tu trabajo, ya sea en tu negocio o en tu empleo . Las posibilidades son dos: por decreto se incrementan los salarios y para las empresas se incrementan las exenciones fiscales.

La posibilidad deseable es aumentar la productividad a través de una reforma laboral que limite el poder sindical y flexibilice el mercado. Y una baja en la tasa tributaria vía la eliminación de regímenes especiales.

Segundo punto, vamos a detener el alza de los precios de los alimentos básicos . Éste es todavía más complicado que el primero. La vía fácil, experimentada muchas veces por el partido de Peña Nieto, es el control de precios; a partir del 1 de diciembre se fija un precio para la leche, las tortillas, el pan, la carne, el pollo, etcétera.

Si hacen eso, le pido que recuerde cómo se ven hoy los anaqueles de los mercados y supermercados, porque nunca más los vería llenos de tantas opciones otra vez. La escasez y la mala calidad serían la constante, como se puede acordar cualquier persona de más de 35 años cuando no había leche, no había pasta de dientes ni jabones.

Si la idea es fomentar la competencia, mejorar la seguridad pública y jurídica que aumenta costos, construir más infraestructura, permitir la siembra mejorada genéticamente, entonces se podrían disminuir los precios al paso de un par de años.

Punto número tres: Vamos a bajar el precio de la luz, para apoyar a todas las familias . Todas las familias son todas, por lo que los barrios más ricos del país deben esperar gozar de esa baja prometida. Otra vez, si la salida es aumentar los subsidios, se fomentará el desperdicio y se tendrá un apoyo altamente regresivo.

Si la idea es construir presas como La Yesca, a la que se oponen en Guerrero, mejorar la infraestructura y acabar con los robos de energía que la encarecen, entonces estaríamos ante otra reforma estructural.

Los siguientes puntos de útiles escolares gratuitos, transporte gratis, vales de medicinas, seguro de vida, pensión para los adultos mayores e hipotecas al por mayor son una muy ambiciosa promesa de gasto.

Tienen que ver qué ha sucedido con este tipo de planes que ya se han aplicado en entidades del país, como el Distrito Federal. La deuda ha crecido de forma muy importante y se han dejado de hacer gastos básicos de la ciudad por cumplir con estos programas sociales.

Si no se basa este decálogo en reformas estructurales profundas, estaríamos a punto de vender este país a las tentaciones populistas que sabemos que son devastadoras. ¡Ojalá lo expliquen pronto!

ecampos@eleconomista.com.mx