Los populistas llegan al poder rechazando y ridiculizando todo, ofreciendo el paraíso perdido

Siempre ha existido el populismo y en todos los casos tiene características depredadoras. Ejemplos notables son los de Calígula y Nerón en la antigüedad romana. En el siglo XX Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Castro. Ahora tenemos a Maduro en Venezuela y a Trump en Estados Unidos, entre otros.

Los populistas llegan al poder rechazando y ridiculizando todo, ofreciendo el paraíso perdido. La población vota ilusoriamente por ellos porque cree que serán los que transformarán a las instituciones y liderazgos para tener bienestar social y justicia.

Las ideologías desaparecen con los populistas. Aquellas ya no representan la cosmovisión que ofrecen a todos igualdad y solidaridad humana. En vez de ello, el individualismo.

El motor que mueve a los populistas es un deseo de afirmarse por encima de los demás, ser reconocidos como portadores de la nueva verdad y de los sentimientos colectivos. No manejan la razón sino los sentimientos y una simplista y superficial oferta política, lejos de la construcción democrática y de la filigrana de los consensos.

Florece la fiebre populista porque las utopías socialistas quedaron atrás por la incapacidad de sus líderes de convertirlas en realidad. Gorbachov dijo aquí en México: En mi país nunca hubo socialismo . La socialdemocracia, puente entre capitalismo y socialismo, anda perdida. También quedaron atrás el conservadurismo gradualista y el neoliberalismo anacrónico.

Ahora es el culto al yo y su narcisismo. Lo estatal quedó rezagado y en su lugar la autonomía y responsabilidad personal.

Pero los narcisistas que ejercen el poder político tienen dificultades para interactuar con los demás, en fusionarse, que es la esencia de la democracia, que supera el espacio privado para trasladarse al espacio público y convertirlos en animales políticos.

Los partidos políticos son sustituidos por una generación de narcisistas políticos. Grave porque estamos hablando de países que en el pasado marcaron el camino a todos los demás y que han tenido una larga experiencia en el mundo de las ideas y en los modelos políticos.

Si nos detenemos en la figura de Trump, advertiremos que en su campaña política lo que prevaleció fue el yo, descalificando a todo su entorno. Ya como Presidente emite órdenes ejecutivas apresuradas y contradictorias, con el propósito de proyectar eficiencia y pragmatismo. No le importa la crítica y le dice a su Jefe de Prensa: Defiéndeme con frenesí .

En la campaña criticó severamente el poder de Wall Street como fuente de las desigualdades y de las crisis financieras. Pero ya como presidente acaba de revocar la iniciativa de la Administración de Barack Obama que regulaba a los grandes bancos para evitar abusos y crisis como fue la del 2007 que condujo al desplome de Lehman Brothers. Con el cambio decidido por Trump, los valores financieros inmediatamente subieron. Fue la respuesta feliz de Wall Street. Pero además, Trump hizo lo que otros presidentes no hicieron: que un alto ejecutivo de Goldman Sachs mande sobre las finanzas públicas y juegue con la autorregulación bancaria.