La política se remata a través de la manipulación.

La propaganda difundida a través de los medios de comunicación públicos de Polonia utilizó la vieja fórmula, cuya principal variable es el miedo, para catapultar el voto del presidente Andrzej Duda y, claro, para agregar rasgos siniestros al opositor Rafal Trzaskowski. “Su forma de pensar, que no coincide con los intereses polacos” (El País, 4 de julio, artículo de Timothy Garton Ash).

El trumpismo representado por el partido Ley y Justicia (PiS) ganó por la mínima la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el pasado domingo (51.2% vs 48.8%).

Andrzej Duda (PiS) acudió a la Casa Blanca el 17 de junio para recibir la bendición electoral de Trump. Netanyahu también hizo lo propio pocas semanas antes de las elecciones legislativas de Israel.

El PiS es un caballo de Troya trumpista dentro del entorno cultural que promueve la Unión Europea. Su líder y personaje que mueve los hilos del poder es Jaroslaw Kaczynski.

De la marca del partido se desprenden rasgos de antisemitismo, nacionalismo, autoritarismo y antieuropeismo.  Las cuatro coordenadas idóneas para meter el dedo en la llaga de la historia.

Garton Ash retoma una nota emitida el 14 de junio por el informativo de la televisión pública Noticias. “La primera noticia está relacionada con el 80º aniversario de la primera deportación de polacos a Auschwitz, el 14 de junio de 1940. Sin duda, un momento digno de recordarlo con la máxima solemnidad (...) Sin embargo, en todo el reportaje, que dura más de cuatro minutos, las palabras “víctimas judías” no aparecen ni una sola vez”. Sin embargo, cuando el reportero hace una referencia al opositor Trzaskowski (candidato del partido Plataforma Cívica), en el comentario sí menciona a los judíos: “Los expertos no tienen ninguna duda de que el dinero que fluye en la actualidad del presupuesto del Estado a los bolsillos de las familias polacas se interrumpirá si Trzaskowski obtiene la victoria en las elecciones presidenciales y se propone satisfacer las demandas judías”.

Desconozco la cuantía de entusiasmo que puede despertar a la demografía juvenil con estudios universitarios e intercambios Erasmus en la Unión Europea, las promesas de un personaje como Duda, pero lo que es seguro es que Varsovia votó por Trzaskowski.

Las redes sociales son canales ideales para difundir teorías de la conspiración. Durante la campaña se pudieron leer más de una en la que señalaban a Trzaskowski como un personaje con intereses oscuros en el exterior, rodeado de vectores alemanes, judíos, grupos LGTB y plutócratas ansiosos por desestabilizar a Polonia.

El comportamiento iliberal de PiS se ha observado con preocupación desde Bruselas. La presidencia de Duda ha intentado vulnerar la separación de poderes utilizando el Parlamento. Su intento de acelerar la jubilación de jueces para colocar a leales de su partido no pasó la prueba en la Unión Europea. En Polonia, el presidente no gobierna, pero sí propone leyes y refrenda las aprobadas por el Parlamento.

El 14 de enero la Comisión Europea solicitó medidas cautelares al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para suspender el funcionamiento de la cámara disciplinaria del Tribunal Supremo polaco por representar “un riesgo de daño irreparable para los jueces polacos”.

La victoria presidencial del PiS representa la sexta en cinco años, y la tentación de consumar la deriva autoritaria estará latente. Sin embargo, Duda cometería un grave error al ignorar a la mitad de los electores que eligieron una vía alternativa. Duda tampoco podrá ignorar las posturas liberales de la Unión Europea.

Desde México es envidiable que un ente supranacional liberal (UE) le cierre el paso a regímenes iliberales.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.