Hay que ver hacia adelante y no incurrir en políticas regresivas

Se está hablando mucho de los políticos y muy poco de las políticas públicas.

Resulta notable que los aspirantes a posiciones políticas de alto nivel sean indiferentes a lo que es más importante: el proyecto político de gobierno que justifique al que lo propone. Pero además que tenga una formulación congruente con el contexto internacional y en lo interno con los grandes problemas del país, particularmente los de la sociedad.

Implica tocar fondo y superar el silencio de no hablar de soluciones concretas. Prefieren la retórica de la confrontación y las soluciones simples a problemas complejos. Mientras tanto la estructura social brilla por sus enormes rezagos.

Hace unos días el exrector de la UNAM, Ramón de la Fuente, un especulado precandidato de un partido no definido e improbable candidato independiente, dijo que actualmente no hay proyectos sino sólo grilla.

Dostoyevski, ilustre escritor ruso, en su famosa obra Los hermanos Karamazov, uno de sus personajes le dice a otro: Deja de estudiar filosofía y escribir poesía. Dedícate a defender los derechos humanos y que no suba el precio de la carne . Claridad indiscutible.

Lo que está faltando es elevar la moral pública que está por los suelos y que hace que la población esté decepcionada y desconfiada. Ante ella los presumibles precandidatos tienen que demostrar su calidad moral y asumir posiciones de Estado. La cuadratura del círculo es: libertad política, democracia económica, cohesión social y cultura de la tolerancia.

Prioridades: Estado de bienestar, consolidar el enfoque reformista, favorecer el crecimiento económico, mantener rigor y control en el gasto público, adelgazar el Congreso, definir metas macroeconómicas consistentes en vez de alegres proyecciones, desarrollo de una microeconomía competitiva y moralidad gubernamental.

Ver hacia adelante y cuidar de no repetir lo que está sucediendo en Estados Unidos y en Inglaterra con gobiernos que realizan políticas regresivas que han causado grandes decepciones hacia adentro de los países y hacia afuera.

Todavía tenemos en México a políticos que caen en la definición que hacía Maquiavelo: La política es lo que los hombres inventaron para poder lidiar con la inestabilidad de sus pasiones .

Diversos estudios demuestran que votantes mexicanos consideran que la creación de empleos, que importa mucho, es una cuestión que excede el ámbito de la responsabilidad de los políticos. Sí les atribuyen a los políticos la responsabilidad de la corrupción y la desigualdad. Saben que afecta a la democracia.

Consecuentemente, el Estado democrático es el que debe constituir la prioridad en la formación del proyecto político para garantizar la existencia de las libertades fundamentales y construir instituciones que generen equidad.

Y observar cómo en Estados Unidos las instituciones están limitando el poder del gobierno de Trump, revela una regla shakesperiana del poder: destruye al que lo usa con excesos y al que debiendo ejercerlo lo rechaza.