En noviembre del 2011, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) puso a consideración de la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer) el anteproyecto del acuerdo por el que se determinan los centros de origen y los centros de diversidad genética del maíz en el territorio nacional. Con ello se podrán delimitar las zonas viables para el cultivo de variedades transgénicas de maíz.

Según dicho acuerdo, Oaxaca es el estado con la mayor concentración de especies nativas y emparentadas al maíz. Así, 26 especies de maíz criollo se ubican en este estado, 10 de tripsacum y una de teocintle. Le siguen Michoacán y Veracruz, con 22 especies de maíz cada uno, seis y tres de tripsacum, respectivamente, y dos de teocintle en Michoacán. Los estados con menor concentración de especies nativas son Baja California, Baja California Sur, Sonora, Chihuahua y Coahuila, y por lo tanto son los que presentan una mayor viabilidad para el cultivo de transgénicos.

Sumado a esta delimitación territorial, existen programas gubernamentales que están enfocados a la preservación del maíz nativo y las especies más cercanamente emparentadas, como el Programa de Conservación del Maíz Criollo (Promac), el programa de mejoramiento de las 50 razas de maíz en México, las políticas Públicas de maíz criollo del Sistema Nacional de Recursos Fitogenéticos (Sinarefi) y el proyecto Oaxaca Cimmyt-INIFAP. Además, la Red Mexicana de Monitoreo de Organismos Genéticamente Modificados contribuye a asegurar el cumplimiento de la normatividad asociada a los transgénicos.

El Sinarefi atiende las políticas públicas de maíz criollo a través de la red maíz con la participación de universidades, asociaciones e institutos de investigación. En conjunto realizan actividades para la conservación y aprovechamiento sustentable de razas criollas a través de: conservación in situ, conservación ex situ, uso, y potenciación y creación de capacidades.

Sin duda, estos esfuerzos van orientados a salvaguardar el legado genético del maíz mexicano. Ahora que los centros de origen del maíz nativo han sido delimitados, la autorización de las solicitudes para sembrar transgénicos podría darse desde un enfoque regional, lo que daría mayor certidumbre al inversionista y haría más expedito el proceso de autorización para la siembra de maíz transgénico.

No obstante, aún existe desconfianza respecto de la capacidad de los transgenes para contaminar las especies silvestres. La conciencia de la población general por lo tanto debe fomentarse, para esto la educación puede contribuir a que se evite el mal uso de las semillas transgénicas; 10,000 años de legado genético y cultural deben ser preservados.

*Beatriz Margarita Zavariz Romero es especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]