Para el próximo año, el crecimiento económico mundial se estima que será peor que el actual, donde 90% de los países crecerá menos que en el 2018. Algunos países entrarán en recesión cuando dos trimestres consecutivos acusen variaciones negativas.

Hay un dato alarmante. Según el FMI, la deuda empresarial en riesgo de incumplimiento en caso de una desaceleración importante de la economía mundial sería de 19 billones de dólares, el equivalente a 40% de la deuda total de las ocho mayores economías del mundo.

¿Cuál es la explicación de este estancamiento? Son varias, pero sobresalen las siguientes: 1) El impacto de la guerra comercial y tecnológica. El FMI calcula que el próximo año las tensiones comerciales restarán al crecimiento global 700,000 millones de dolares, cantidad que equivale al PIB de Suiza. 2) El Brexit como riesgo geopolítico. 3) El conflicto entre Japón y Corea del Sur. 4) La contracción de los flujos de inversión internacionales a pesar de las bajas tasas de interés. 5) La debilidad en la confianza de empresas y familias.

En la Unión Europea, el país mas importante, Alemania, está en una situación crítica con un crecimiento negativo en el segundo trimestre del año, debido a la reducción de la demanda externa. Lo mismo le pasó a Italia y al Reino Unido. Se pregunta Paul Krugman: ¿si la demanda mundial disminuye, por qué deberán invertir las empresas?

EU, China y Reino Unido son tres de los cinco principales clientes de Alemania. Las exportaciones alemanas de bienes y servicios representan poco menos de 50% de su PIB.

Se ha planteado en Europa que, para poder salir del estancamiento económico, la vía más conveniente es la política de gasto público porque se ha comprobado que la política monetaria tiene alcances limitados. Por ello plantean mayores dosis de flexibilidad en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, lo que conduce a más déficit público.

En EU, tras 122 meses de expansión, hay indicadores que advierten que el impulso fiscal realizado por el actual gobierno muestra agotamiento. Pero la mayor debilidad se encuentra en el sector industrial que es el más vulnerable de la guerra comercial iniciada por EU y que ha afectado a otras economías avanzadas.

Las tasas de interés bajas como una medida monetaria que todos los bancos centrales han decidido para favorecer la inversión también muestra una pérdida de eficacia. Una tercera parte de los bonos en circulación en todo el mundo tiene tipos de interés debajo de cero. Dice la nueva directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva: “En algunos países, las empresas aprovechan los bajos tipos para acumular deuda y financiar fusiones y adquisiciones en lugar de invertir”.

Para recuperar la economía mundial, hay coincidencia de los expertos sobre que se necesitan muchas rectificaciones. Una de ellas es poner fin a las guerras económicas.

Se propone llevar los aranceles al nivel original y reducir las amenazas a las empresas multinacionales. Hace una semana se anunció un acuerdo parcial entre China y EU para frenar la guerra comercial. Es un forcejeo que lleva 15 meses y todavía no es una victoria.

También es necesaria la normalización de las relaciones multilaterales afectadas por el gobierno de Trump. De lograrse, permitiría que las grandes economías como Alemania y China recuperaran lo perdido. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, lo dice claramente: “Queremos multilateralismo, queremos un comercio justo, defendemos un orden basado en normas”.

La próxima presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha planteado reformar las restricciones presupuestarias de la Unión Europea para tener mayor margen de maniobra antirrecesiva.

Con todo, además de diseñar estímulos de corto plazo de tipo monetario, la inversión pública es necesaria con proyectos que puedan exorcizar las amenazas recesivas.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.