En marzo próximo el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) anunciará los resultados de una evaluación sobre el impuesto especial (IEPS) a refrescos y bebidas azucaradas que México empezó a aplicar en el 2014. Revelará cómo y qué tanto ha tenido efectos en el consumo de tales productos.

Ello será en el marco del Congreso de Salud Pública que el INSP celebrará el 4, 5 y 6 de marzo, y seguramente será del mayor interés. Mauricio Hernández, director general del INSP, nos explica que es un estudio preliminar pero muy serio que abarcará los primeros seis meses del impuesto, y en cuanto se tengan los datos anuales se agregarán para hacerlo más robusto.

El equipo es liderado por el investigador Juan A. Rivera, en alianza con otros investigadores de renombre internacional y con la Universidad de Carolina del Norte. Compraron las bases de datos de la compañía Nielsen, especializada en estudios de mercado para refrescos, botanas y comida de altas calorías, y a partir de ahí hicieron su evaluación.

En principio hay indicios claros de que el impuesto no sólo fue recaudatorio sino que sí hubo un viraje hacia consumo de agua, leche y jugos. Que el consumo se vaya hacia jugos no es buena noticia, porque tienen el mismo problema de ser altos en azúcar y al ingerirlos, la carga de glucosa que llega al organismo es más rápida, por tanto, estimula muy rápido al páncreas para producir insulina, estimulando el hambre.

El director del INSP dice que los efectos del impuesto fueron notorios, con todo y que la industria de bebidas hizo fuerte labor para contrarrestarlos. Desde la exitosa campaña de Coca Cola con tu nombre, la Coca Cola Life color verde, hasta paquetes y promociones de todo tipo.

Este impuesto contra las bebidas azucaradas ha hecho que México sea muy observado. Hay muchos interesados en evaluarlo. Si verdaderamente genera cambios en consumo, otras economías podrían seguir los pasos del gobierno mexicano. Es algo que preocupa a la industria refresquera internacional.

Aquí lo importante, nos hace ver quien fuera subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud en el sexenio pasado, es que en torno a la obesidad y diabetes se implante una política verdaderamente integral. Fue un logro de la Secretaría de Hacienda aplicar el impuesto, comenta, pero se quedó corta porque no invirtió en medidas complementarias para cerrar el círculo.

Si impones un impuesto al refresco, un porcentaje de los ingresos que generas los dedicas explícitamente a combatir el problema de salud que está elevando tus costos. Es decir, acompañas tu estrategia con una campaña para incidir en un cambio de comportamiento. Explicas al ciudadano por qué es mejor tomar agua y la haces más accesible, aseguras poner bebederos en las escuelas, inviertes en áreas para hacer ejercicio. Y en general generas una política redonda que influya en todos los sentidos para que los mexicanos cambiemos hábitos.

De no hacerlo, el riesgo es que el impuesto no sea suficiente y que la obesidad y diabetes sigan generando ausentismo laboral, incapacidad y muerte prematura y en general mayores costos que derivan en pérdida de productividad.

Así, considera Mauricio Hernández, las compañías que se resisten fuertemente, al final dan el cambio porque pueden transformar su oferta hacia opciones más saludables, generan nuevas formas de hacer negocio y se adaptan a las nuevas reglas.

Otra medida que sugiere es que el IMSS diera incentivos a las empresas con menor prevalencia de obesidad entre sus empleados, de igual manera como lo hace con las que tienen menor índice de accidentes. Sería un buen mensaje y para el IMSS generaría buen ahorro. Hay países como Japón donde se penaliza a las empresas con mayor número de empleados con obesidad porque ello refleja falta de promoción de la salud y mayor riesgo laboral.

Algo positivo que el INSP vislumbra es que instancias privadas como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) capitaneado por Juan Pardinas –que no son autoridad y son más neutrales- incursionen en cuantificar el problema de obesidad y diabetes, lo cual puede influir en una mayor apertura de la industria de alimentos y bebidas para participar en lugar de torpedear las políticas de salud pública .

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@maribelrcoronel