La mayor falla en los lineamientos de política industrial dados a conocer por la Secretaría de Economía reside en su falta de contenido programático, el punto clave está en saber cómo se piensan alcanzar los objetivos.

Afinales de la semana pasada, la Secretaría de Economía dio a conocer los 10 lineamientos de su política de desarrollo industrial. Con la inclinación que tiene el gobierno de la 4T por la nostalgia con el pasado, al menos esa noticia no implicó un retroceso en la forma de resucitar la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones que se siguió en México desde la década de los 40 hasta el año 1985, con el ingreso del país al GATT.

De los 10 lineamientos dados a conocer, sólo uno evoca de manera directa ese enfoque: “Aumentar el financiamiento de la banca de desarrollo”. En contra de una opinión que podría ser mayoritaria, mi punto de vista es que ojalá que no se avance mucho en este frente, en particular si ese sector va a operar en primer piso por los grandes abusos y quebrantos que pueden provocarse.

Con oportunidad, el lunes de esta semana Isaac Katz hizo ver en su colaboración semanal que en su mayoría el resto de esos lineamientos es ampliamente conocido y de hecho ha sido enunciado y suscrito por los últimos seis gobiernos del país. Las novedades, incorporadas en los lineamientos 6 y 8 de la propuesta, como lo hizo ver Katz el lunes, no se entiende bien a bien a qué se refieren en concreto y quizá habrá que esperar una precisión al respecto por parte de la Secretaría de Economía. Se trata de los objetivos: “Fomentar la digitalización del sector manufacturero” y “Propiciar la economía de la salud”.

Y avanzando en el análisis crítico todavía más que Katz y que otro colega (Enrique Campos, “Una política industrial para olvidar”), que también se refirió al tema, hay que hacer ver la que quizá sea la mayor falla en los lineamientos de política industrial dados a conocer. La falta absoluta de contenido programático en los lineamientos de la propuesta.

Que se desee “promover mayor competencia para fortalecer el mercado interno, aprovechar la apertura comercial para fortalecer las cadenas productivas e impulsar una mejora regulatoria en los tres niveles de gobierno” son todos objetivos muy deseables. Pero el punto clave está en saber cómo se piensan alcanzar. Además, hay que decirlo abiertamente, el estilo personal de gobernar de AMLO y el espíritu de su régimen son bastante antagónicos a la idea de “generar un entorno amigable de negocios que dé certidumbre”. Es la verdad.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico