Mucho se ha hablado en los medios de las radicales y populistas ideas sobre la inmigración y otros temas por parte del eventual candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, Donald Trump. Sin embargo, la principal preocupación del que escribe estas líneas está enfocada en los planes de política económica esbozados hasta ahora por Trump.

Aunque hasta ahora Trump, en su muy personal estilo, no ha dado ningún detalle sobre cuáles serían los pilares de política económica si llegara a ser presidente, nos ha dado muestras de algunas de sus ideas y sobre todo, de la falta de conocimiento detrás de ellas.

Hasta ahora, Trump se ha concretado a decir que piensa enriquecer a Estados Unidos, reactivando el crecimiento económico, estimulando la creación de empleo, elevando los salarios reales, reduciendo el déficit fiscal y comercial, y disminuyendo el monto de la deuda total. Todos estos grandes conceptos suenan atractivos como promesas de campaña pero el reto está en el cómo y hasta ahora lo poco que hemos escuchado resulta alarmantemente preocupante.

Entre los puntos más preocupantes se encuentran los siguientes: 1) renegociar todos los acuerdos comerciales que tiene Estados Unidos y/o abandonarlos sin reparo; 2) establecer una serie de tarifas e impuestos especiales a las importaciones provenientes de China, México, Japón y otros países con los que Estados Unidos tiene un déficit comercial; 3) castigar a las empresas multinacionales basadas en Estados Unidos por crear empleos en otros países en lugar de en esa nación; 4) obligar a México a pagar la construcción de un muro al expropiar parte del flujo de remesas que se envían a México; 5) reducir la deuda de Estados Unidos mediante una negociación para adquirir la deuda por debajo de su valor original de emisión (aunque después se retractó); 6) eliminar la independencia de la Reserva Federal (Fed) como banco central; 7) de ser necesario, exigirle a la Fed que imprima más dinero para que Estados Unidos haga frente a su deuda, y 8) promover un dólar débil para hacer más competitivas las exportaciones de Estados Unidos.

Aunque algunas de estas declaraciones son mucho más preocupantes que otras, está claro que la implementación de por lo menos una o dos de ellas podrían provocar una guerra comercial a nivel internacional, que resultaría en el colapso del comercio internacional y una recesión global.

La última gran ola de proteccionismo fue durante la Gran Depresión, cuando varios países buscaban reactivar sus economías mediante una mayor actividad en el sector exportador y la protección de su mercado doméstico. En aquella ocasión, el primer país en tomar medidas fue Francia, en 1928. Esto fue seguido por Gran Bretaña, dos años después, al implementar restricciones a las importaciones de bienes.

La respuesta por parte de Estados Unidos no se hizo esperar y en 1930 aprobó una serie de tarifas a la importación de bienes, con el objetivo de reactivar la industria doméstica. La decisión de Estados Unidos provocó represalias de todos sus socios comerciales, acelerando el colapso del comercio global.

Las irresponsables declaraciones y terribles ideas de Trump nos hacen pensar que el magnate neoyorquino de los bienes raíces cree que manejar la economía del país más grande del mundo se asemeja a manejar las finanzas de una compañía de bienes raíces con una actitud beligerante propia de un bully.

Adicionalmente, resulta muy contradictorio que el candidato de los republicanos, un partido que históricamente ha sido un ferviente impulsor del libre comercio y la economía de mercado, en su ignorancia busque implementar medidas proteccionistas y controles de capital que serían devastadores para la economía global y la de Estados Unidos.