Con todo lo incierto que se ve el panorama económico mundial, hay opiniones serias como la del Fondo Monetario Internacional (FMI) que estiman para este año una recuperación, misma que bancos, inversionistas y gobiernos se ocupan de celebrar. Calculan que la economía mundial este año crecerá 3.7%, a diferencia de 3% para el año pasado.

Las mejores perspectivas descansan en el avance de Estados Unidos, así como los niveles altos de crecimiento si bien menores que en el pasado de China, India y los países del ASEAN (Indonesia, Malasia, Fili-pinas,Tailandia y Vietnam).

Pero simultáneamente, en Davos se vio el vaso global medio vacío. Una encuesta realizada con ejecutivos por pwc arrojó el resultado de que solo 44% de ellos confiaba en una mejoría.

Lo cierto es que EU con su pragmatismo alimenta un discreto optimismo, aunque los empresarios esperan que en ese país no se retiren los apoyos gubernamentales asociados al crecimiento y el empleo, cuestión que es altamente controversial por parte de sus impugnadores.

Europa, de continuar estancada, motiva una generalizada decepción. América Latina sigue las pautas de un crecimiento prudente. Sobresale México con un crecimiento estimado de 3% para este año y Brasil con ambiciosos programas económicos para absorber Inversión Extranjera Directa.

La recuperación global es sin duda alguna positiva, aunque no hay diseño de políticas económicas alternativas que puedan dar base a una experiencia transformadora. Notable es la ausencia de estímulos a la demanda por parte de economías con capacidad de hacerlo, como Alemania.

También el FMI advierte una cuestión que tiene dedicatoria para los países emergentes. Refiere que hay riesgo de fuga de capitales en algunos países a medida que se consolide la recuperación de los países avanzados y modifiquen su política monetaria para tener resultados similares a los de EU. Significa retener recursos de inversión.

El crecimiento económico y el empleo de la mayoría de los países avanzados seguirán la pauta de una evolución por debajo de su potencial; ello a pesar de las tasas de interés reales negativas. Es más, a los obstáculos de un crecimiento económico ahora se añaden las secuelas de la crisis. El reducido crecimiento económico coexiste con políticas monetarias muy contenidas.

La solución para EU, asociada a una mayor recuperación, es la que plantea Larry Summers, ex Secretario del Tesoro de EU, consistente en privilegiar el fomento de la inversión productiva.

Para ello se necesita de políticas que la estimulen, así como tasas de interés razonables, más inversión pública y mayores incentivos a la inversión privada. La recomendación tiene el más puro estilo keynesiano.

Ante la rigidez de los paradigmas teóricos, se confrontan ideas. Es evidente que a mediano plazo el saneamiento de las finanzas públicas es un objetivo, pero tiene que empatar con la necesaria substitución de la política fiscal y monetaria contraccionista a corto plazo. Ben Bernanke, de la Reserva Federal, lo define así: Con las políticas fiscales y monetarias trabajando en direcciones opuestas, la recuperación es más débil de lo que sería en caso contrario .