Ni estrategias fallidas ni alianzas ingenuas

Cae la diamantina morada, rosa, entre las manifestantes, se esparce por aceras y asfalto, vuela en torno a estatuas que simbolizan la justicia, la ley, la paz, la guerra. Figuras que han visto pasar otras manifestaciones feministas y de mujeres menos ruidosas, escandalosas o lúdicas... Las que hace tres lustros encabezaban las madres de Ciudad Juárez con sus sombreros anchos y las fotos de sus hijas; las que año con año, desde el 2012, congregan a madres y familiares de desaparecidos y desaparecidas que demandan búsqueda y aparición con vida de sus seres queridos, ¡justicia!, en un intento de sacudir la indiferencia social y, ojalá, la del gobierno.

Marchas sin pintas ni vidrios rotos que no llamaron la atención de la prensa ni recibieron cobertura televisiva. Marchas, sin embargo, dolorosamente vigentes, en el reclamo contra la violencia y en la incapacidad de los gobiernos de entender que no se puede ya “administrar” el problema; que un Estado negligente ante la violencia es un Estado feminicida, como bien lo nombra una de las pintas bajo la victoria alada.

Enclaustradas ahora por un cerco de madera que llama la atención de los transeúntes hacia el monumento vejado por las vociferantes feministas —y dañado por el sismo del 2017—, Justicia, Ley y Paz se preguntan por qué no se ha entendido que lo que algunas llaman guerra contra las mujeres no se va  a resolver con medidas emergentes para calmar los ánimos. ¿Para qué nuevas reuniones, talleres, comisiones y diálogos que no incluyen todas las voces? ¿Para qué esos foros a los que se invita a “40 representantes” de colectivas mientras otras 40 o 100 señalan que no fueron seleccionadas por el intermediario oficial? A ellas no les interesa salir en la foto; no quieren que se confunda a la opinión pública con representaciones parciales y falsos consensos.

Ley se pregunta por qué, antes de prometer nuevas capacitaciones a operadores de justicia, nadie evalúa las que se han dado desde el 2007 a las Fuerzas Armadas y, antes, a policías y ministerios públicos. Justicia se escandaliza por el extravío de pruebas, la mutilación o pérdida de expedientes, las filtraciones, la ignorancia de las leyes y convenciones internacionales por parte de quienes dicen procurar, sí, justicia. Paz recuerda que desde hace años resuenan en torno suyo voces que gritan #NoMásSangre, #Justicia #NiUnaMenos, #VivasNosQueremos... Y se pregunta por qué se responde a la indignación desesperada con una Ley de Seguridad Nacional o una Guardia Nacional, cuando militarización y armas aumentan la violencia y exacerban los riesgos para niñas y mujeres.

El monumento hoy cercado guarda aún los gritos mudos de la exigencia y la rabia. Preservarlos antes de limpiar las piedras, como han propuesto 100 restauradoras, es un acto de memoria necesario contra el discurso engañoso y el olvido.

Barrida la diamantina, quienes desde el gobierno apuestan (como los anteriores) por el desgaste del movimiento, olvidan que la memoria social no es tan corta y siempre hay quien recuerde las tretas de la de la simulación. Como se dijo en el foro Reflexiones sobre el Feminicidio, las alianzas feministas con el gobierno en los años 90 desviaron la lucha contra la violencia machista hacia otras causas; las consultas con víctimas de la violencia en el 2018 no respondieron a las demandas de éstas; las exigencias del foro #MeTooMx siguen sin respuesta...

¿Qué hará distinto esta vez el “diálogo” con algunas feministas? ¿Por qué en México parece necesario atraer a la disidencia a la mesa del poder? ¿Acaso no hay suficientes diagnósticos y recomendaciones para diseñar desde el gobierno una política pública integral para prevenir, sancionar, frenar la violencia contra las mujeres? ¿Por qué las conclusiones del grupo de trabajo no han detonado ya la alerta de violencia de género para la CDMX?

Tantas preguntas sin respuesta deberían llevarnos a reflexionar, sociedad y autoridades. Las niñas y jóvenes amenazadas por la violencia feminicida no merecen más estrategias fallidas ni alianzas ingenuas.

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).