Estamos muy ocupados en los medios si una candidata molestó a una turista que comía quesadillas o si el examoroso López Obrador se le ocurrió llamarle merengue inflado a Peña Nieto y la verdad es que hay muy poca atención de la opinión pública y de los medios a las definiciones importantes de los candidatos y sus partidos.

Tuvo que llegar una periodista cubana a preguntar a Enrique Peña Nieto cuál sería su política exterior hacia la isla caribeña para enterarnos que el priísmo está dispuesto a revivir la vieja y arcaica doctrina Estrada.

Dijo Peña Nieto: Con Cuba y con todos los países es clara mi posición, la que ha tenido el Estado mexicano, total y absoluto respeto a la libre autodeterminación de los pueblos .

Ésta es una definición importante del candidato del PRI, porque nos adelanta que México volverá a la tibieza de la política exterior que rigió desde los años 30 y hasta el final del siglo pasado. México se hace de la vista gorda con el mundo en la medida que nadie opine y menos interfiera con sus asuntos internos.

Otra definición importante del mismo candidato es adelantar la permanencia del Programa Oportunidades, que es un esquema copiado incluso por los brasileños para combatir la pobreza.

En este caso hay la expectativa de un aumento de recursos para el programa, aunque faltaría saber los criterios de obtención de los recursos y de distribución.

Por lo demás, que Vázquez Mota diga que se mantiene el Ejército en las calles, pero con otras reglas, es una generalidad. Que López Obrador reviva el planteamiento de construir cinco refinerías es una barbaridad.

Por eso es que no es tan difícil entender por qué hay sectores que en estos momentos de campañas incurren hasta en exageraciones para poder llamar la atención de la opinión pública y, con tantita suerte, de los partidos políticos y sus candidatos.

El caso muy claro y reciente es el del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que lanza una cuenta espeluznante de lo que el país pierde, según este organismo de la Iniciativa Privada, por la falta de reformas estructurales.

No podrá tener muchas matemáticas, pero sí un gran efecto el decir que todos los días México pierde 19,000 millones de pesos por la falta de trabajo digno, oportunidades y mayor productividad por la falta de reformas estructurales.

Vaya coctel que contabiliza este organismo empresarial, a través de su Centro de Estudios Económicos del Sector Privado. Porque es el discurso de siempre, pero con la variante de agregarle una cifra descomunal que no podrá soportar la más mínima comprobación, pero que sí escandaliza.

Tiene razón el CCE cuando indica que México ha desaprovechado su bono demográfico, es cierto que son millones los mexicanos los que han tenido que dejar su país para encontrar oportunidades de trabajo en otros países.

El texto del órgano de estudios económicos de la cúpula empresarial asegura que el no aprovechar la fuerza laboral naciente podría ascender a 2.8 billones de pesos anuales .

Si no es aceptable que los candidatos exageren sus ofertas para engañar a votantes, tampoco es prudente que los que proponen soluciones amplifiquen los problemas para atraer la atención.

No hay duda de que las reformas estructurales bien hechas podrán aportar recursos adicionales a la economía mexicana.

Hasta este punto, he ignorado al cuarto candidato a la Presidencia, que es el único que, por no tener nada que perder, dice con total claridad que está en contra de que se mantengan los subsidios a las gasolinas y que los alimentos y las medicinas no deberían estar exentos del pago de impuestos.

Eso es algo que difícilmente podrá decir alguno de los otros aspirantes presidenciales, a pesar de que pudieran saber de la conveniencia de este par de medidas.

Claro que Gabriel Quadri defiende a capa y espada los sindicatos en su forma actual, porque el voto que sí está buscando para su futuro es el de la maestra Gordillo.

No hay que desaprovechar estos días de campaña para hacer un buen catálogo de lo que entre líneas y de forma un tanto secundaria vayan definiendo los candidatos, porque deja ver sus formas de pensar en temas básicos.

Y los agentes económicos interesados en ser tomados en cuenta pueden jugar al efecto mediático con sus bombas de espectacularidad numérica, como lo hizo el CCE, pero al mismo tiempo deben dar a conocer planteamientos serios y posibles en la política mexicana.

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