Un buen número de sectores económicos (la industria de contenidos, el transporte de pasajeros, el comercio minorista, el alojamiento de corta estancia, entre otros) está experimentando una profunda transformación por la aparición de nuevas compañías que ponen en contacto directo a agentes que ofrecen y demandan bienes o servicios. Son las llamadas plataformas digitales, como Amazon, Uber, Airbnb y un largo etcétera.

Desde un punto de vista económico, actúan como intermediarios en mercados bilaterales o de múltiples lados, en los que distintos grupos de agentes (conductores y pasajeros, por ejemplo) obtienen valor al conectarse o coordinarse, pero los costos de transacción les impiden resolver esa externalidad por sí mismos.

Al facilitar transacciones económicas que de otra forma no tendrían lugar, las plataformas crean valor y aumentan las posibilidades al alcance de consumidores y ofertantes. Aunque algunos negocios tradicionales (como bazares o casas de subastas) encajan en la definición de plataformas, lo cierto es que este modelo de negocio ha ganado enorme relevancia en el mundo digital, ya que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación reducen notablemente los costos de transacción y permiten la interacción entre agentes dispersos.

La principal característica económica de los mercados bilaterales en los que operan las plataformas digitales es la presencia de efectos de red indirectos. Esto significa que la utilidad o el valor de una plataforma para los usuarios en un lado del mercado (por ejemplo, los demandantes de financiamiento en una plataforma de crowdfunding) aumentan conforme lo hace la participación del otro lado del mercado (los prestatarios o inversionistas).

Estos efectos de red generan círculos de retroalimentación positivos para las plataformas pioneras que son exitosas y pueden dificultar la entrada de nuevos competidores cuando una empresa ya ha logrado una posición significativa. De hecho, la literatura económica argumenta que, en general, los mercados bilaterales tienden a la concentración. Además, los efectos de red indirectos también condicionan la estrategia de negocio de las plataformas y su estructura óptima de precios, que depende de la naturaleza e intensidad de los efectos de red entre los distintos lados del mercado.

Al facilitar nuevas transacciones económicas, las plataformas digitales son generadoras de valor y pueden beneficiar a todos los agentes implicados. Sin embargo, dado que reconfiguran ciertas actividades económicas, generan nuevos riesgos y temores que los poderes públicos deben abordar. Algunos de estos desafíos tienen que ver con la protección de los consumidores. En los mercados bilaterales o de múltiples lados los individuos interactúan tanto con la propia plataforma como con otros agentes, con diferentes grados de intermediación e interacción directa en función de los modelos de negocio. En este contexto, es necesaria una atribución clara y transparente de responsabilidades, que proteja a los consumidores, y mecanismos efectivos para resolver posibles disputas (un aspecto especialmente relevante en el caso de transacciones transnacionales). Además, la actividad de algunas plataformas puede tener efectos negativos en agentes que no participan en el mercado, como los vecinos de apartamentos arrendados para corta estancia. Los poderes públicos deben mitigar las posibles externalidades negativas.

Otros desafíos tienen que ver con la preservación y promoción de la competencia en los mercados. Por un lado, debe existir un terreno de juego equitativo entre quienes proveen bienes o servicios directamente y quienes lo hacen a través de un modelo de plataforma. En este sentido, el marco regulatorio debe evolucionar para evitar que las empresas se aprovechen de lagunas legales. Por otra parte, dada la tendencia a la concentración de estos mercados, pueden ser necesarias normas de neutralidad, compatibilidad o portabilidad entre plataformas que contribuyan a preservar la competencia. Además, las autoridades de competencia necesitan nuevos métodos de análisis (para definir mercados relevantes o para medir el poder de mercado de una plataforma) que tengan en cuenta los efectos de red.

Por último, las plataformas digitales tienen impacto en otras políticas públicas. Por ejemplo, debido a su papel de intermediación, pueden ayudar a los gobiernos a recaudar ciertos impuestos. Por otra parte, aquellas que promueven el trabajo bajo demanda (la controvertida gig economy) plantean importantes desafíos para las políticas laborales y de protección social, que los gobiernos deben tomar en consideración para su análisis.

*BBVA Research