Desasimiento, simplicidad, estrés

creativo, ritmo de la vida .

J. Hoffmann, Marcher dans le desert

El plano de la democracia atraviesa los planos de la vida. A querer o no. Se extiende del vecino -negligente o cumplido, llevar sus perros con correa y recoger los excrementos o no hacer nada de esto, reírse de las disposiciones y las leyes -, al barrio, la colonia, el municipio, el estado, el país, el mundo. Las elecciones son para elegir gobernantes y representantes, pero la democracia exige espíritu cívico, un ciudadano con derechos y deberes, no sólo con derechos y subsidios, un individuo capaz de autocontrol e independiente. Ésa es la democracia desde abajo, la democracia participativa que algunos erróneamente identifican con una desordenada movilización permanente.

Democracia va con seguridad, lo que reclama instituciones sólidas, fuertes. Así como no hay derecho sin fuerza , según lo expresó rigurosamente Kant, un filósoso del derecho más hobbesiano que Hobbes,­ no hay democracia sin fuerza. La democracia no es algo blandengue, sino una forma dura de gobierno. La debilidad blandengue de los gobiernos herrumbra la democracia. Como de hecho sucede. Democracia implica unos cuerpos policiacos acerados e invisibles.

No hay democracia sin ley. La impunidad y la ineficacia en la persecución del delito y en la administración de justicia echan abajo los cimientos de la democracia. Como de hecho sucede. La democracia se sostiene en un sistema de justicia que, simplemente, haga justicia.

La democracia electoral demanda fair play. Después de la alternancia en el 2010 eso se ve cada vez más lejano.

Campañas negras, quejas y denuncias sin ton ni son oscurecen las elecciones. Como esos que denuncian en el Estado de México a un candidato, al que acusan de haber realizado actos adelantados de campaña porque hizo una precampaña legal y porque ellos consideran que no la debería haber hecho, ya que era el único candidato. ¡Santo Dios! Una presunta ilegalidad en la legalidad.

Haga su propio diagnóstico. Si usted ve basura en la ciudad quiere decir que no hay autocontrol individual. Una evidencia mayor es la inseguridad. Otra del mismo tamaño es la impunidad y la ausencia de procuración y administración de justicia. Así, la democracia no sólo va coja, sino manca y ciega. Además, las leyes electorales han sido tan manoseadas que casi se vuelven inaplicables. Ojalá que las elecciones de este próximo domingo, contra todo, sean como un milagro.