La actividad económica no determina el éxito de los gobiernos, ni el de las empresas, mucho menos sus políticas determinarán el éxito económico. La pandemia ha generado una interdependencia atípica entre las actividades del sector público y las del sector privado. Se evidenció una crisis en cadena, se visualizaron nuevos escenarios globales y se plantearon formas distintas de coordinación. Ello conlleva a reflexionar si el carácter estratégico de las empresas y los gobiernos tienen cabida en un espacio de coyuntura.

En primer lugar, hoy se está observando una serie de crisis con efecto dominó, desencadenada por la crisis sanitaria. Las consecuencias sobre la economía, la población y los gobiernos están repercutiendo en riesgos sin precedentes. Se ha cumplido ya un año de la aparición del virus, aún no se tiene la vacuna, pero tampoco hay claridad sobre cuándo y qué podrá cesar. Se vislumbra por el contrario incertidumbre en los negocios, en la educación y en la salud misma, entre otros rubros. La incertidumbre genera riesgos y estos costos. ¿Bajo que condiciones se definen y en qué magnitud?

En segundo lugar, se demostró que lo global tiene una incidencia profunda en lo local y viceversa. Nadie puede tener una visión aislada sobre su entorno local, sin considerar los acontecimientos globales, mismos que implican actividades locales en otras partes del mundo. Más allá de la incidencia económica o política de algún ente, hoy podemos apreciar que las costumbres, las acciones y las decisiones de terceros pueden ser más perjudiciales o favorables. ¿Qué factores analizar y qué criterios establecer?

Finalmente, se resaltó la importancia de la colectividad. En la salud, el cuidado colectivo es fundamental. En lo económico, los encadenamientos y los esfuerzos colectivos se han mostrado necesarios. En los social, por antonomasia, las reglas se han engrosado. Los gobiernos están utilizando sus relaciones diplomáticas para salir de las crisis. Las empresas están construyendo redes de apoyo. Las dinámicas colectivas giran en torno a prácticas de cooperación diferentes. ¿Qué amplitud de la red se requiere y por cuánto tiempo?

La planeación estratégica considera análisis de mercados, identificación de riesgos y medición de objetivos, entre otros factores. Hoy es difícil proyectar ante nuevas dinámicas de mercado, modelar riesgos bajo los mismos preceptos, cuantificar basado en lo previo o definir ciclos de los que se desconoce su temporalidad. Las estrategias tendrán que ser de muy corto plazo, los objetivos con márgenes amplios, la revisión de riesgos con mayor dinamismo y presupuestos con menor rigidez estructural.

El carácter estratégico no se contrapone con la coyuntura, pero si debe entenderse que, ante esta, la planeación debe ser más flexible, más oportuna y creativa para afrontar el escenario global en 2021. Hoy, la actividad económica no será la única que determinará el éxito de los sectores público y privado, ni sus acciones asegurarán el éxito económico, pero sí usar los mismos métodos y actividades pueden llevar al fracaso.

*El autor es Director General en Consultoría en Políticas para la Innovación.

Twitter: @pedrolichtle