Hay desinformación y malos entendidos sobre el contenido del Plan Mérida. Con frecuencia se habla y discute de él, a partir de supuestos equivocados o inexistentes y, por lo mismo, se hace necesario aclarar y precisar sus términos.

El Plan que Estados Unidos y México firmaron en diciembre del 2008 tuvo un claro enfoque militar. La ayuda sería canalizada a la compra de equipo militar y de comunicaciones de proveedores estadounidenses. En ese esquema, se llegó a hacer efectiva la entrega de sólo parte de los equipos comprometidos a lo largo del 2009.

La decisión del gobierno vecino se vio obstaculizada por congresistas republicanos y demócratas que exigían un mayor rigor en el respeto a los derechos humanos y mayores controles en la intervención del Ejército mexicano en las calles.

El Plan, a partir del mes de mayo, cambió en su concepción y también se modificó el destino de los recursos. En el viraje influye también la nueva estrategia del presidente Obama en la lucha contra las drogas. Después de 40 años, se abandona el enfoque de guerra y se privilegia el de salud pública.

Así, el gobierno de Obama decidió destinar los recursos del Plan a la construcción de instituciones en México. La Casa Blanca reconoce que la estrategia es más difícil que sólo la entrega de equipo militar, pero que a la larga tendrá un mayor impacto y será más eficaz en la lucha contra las drogas. En eso tienen razón.

La subsecretaria de Estado, Roberta Jacobsen, ha planteado que la nueva estrategia se propone apoyar la capacidad de México para mantener el apego al Estado de Derecho y el respeto a los derechos humanos y contribuir al fortalecimiento del sistema de justica y el buen gobierno.

La autoridad mexicana, a través de la canciller de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, manifestó estar de acuerdo con el nuevo planteamiento. La administración de Calderón no tiene otra opción, puede o no aceptar el apoyo, pero no decidir cuál es el destino del mismo. La tradición es respetar siempre la voluntad del donante.

El Plan Colombia y el Plan Mérida son radicalmente distintos. Lo único en común son los fondos del gobierno estadounidense. En todo lo demás, resultan diferentes. El escaso monto de la ayuda, en el nuevo enfoque, si se le utiliza bien, puede tener una mayor rentabilidad para México.

Hace bien el gobierno de Calderón en aceptar los nuevos términos de la ayuda, aunque va en sentido contrario a su estrategia para enfrentar el problema social del consumo de las drogas. Él sigue en la lógica militar, pero ahora sin el apoyo logístico de Estados Unidos.

El monto de la ayuda militar era muy menor, pero actuaba como apoyo simbólico a la guerra de Calderón. El Presidente recibe otra señal de que debe cambiar la estrategia. Hacerlo no supone aceptar la derrota sino elegir una mejor.