En Pumas terminó la paciencia, y parece que también la cordura, el raciocinio. Y es que con el cese de Joaquín del Olmo solamente se puede ver la cadena de errores de la directiva universitaria, que en voz de su vicepresidente deportivo, Alberto García Aspe, aumentó el desconcierto entre la familia del futbol mexicano.

El primer error sin duda fue haber corrido a Del Olmo. Sí, el equipo no jugaba del todo bien, pero está en una etapa de reconstrucción tras la llegada de varios refuerzos y además se ubicaba a sólo dos puntos de la zona de calificación. Su salida significa el segundo final más rápido de un proceso en la historia del club.

Pero no sólo en el aspecto deportivo sorprendió la noticia, sino también en el administrativo, porque hay que recordar que para llevar al ahora ex entrenador del equipo se tuvo que pagar la rescisión de contrato que tenía con Veracruz. En esa operación se gastaron millones y se cedieron a algunos elementos de la cantera.

El segundo punto que dejó perplejos a propios y extraños fueron las razones para destituir a Joaquín: El equipo no daba espectáculo y la opinión de la afición que el domingo pidió a gritos su salida.

La pregunta es: ¿Desde cuándo Pumas se ha olvidado de dar espectáculo y respetar a la afición con un estilo ofensivo? Realmente hay que echar la mente muy atrás. Y, de ahora en adelante cada que los fanáticos estén inconformes con algo ¿los van a complacer cortando cabezas? Seguramente no.

Todo terminará con un relevo que por el que tendrán que pagar muchos millones, situación que tampoco se acostumbraba en el club del Pedregal. Ahora sólo resta esperar a ver cómo camina el equipo con Mario Carrillo en el banquillo y si valdrán la pena tantas decisiones extrañas y millones, algunos tirados a la basura y otros invertidos en la experiencia del Capello Carrillo.