Es justo la época de las posadas, del maratón Guadalupe Reyes, de los intercambios de regalos, la búsqueda desesperada de tal o cual objeto de la lista que se esconde hasta en las interminables tiendas online. Es tiempo de aguinaldos, tráfico en cada calle, villancicos, meses sin intereses, ofertas tratando de atrapar consumidores desprevenidos, de hacer a un lado a las dietas, darse permiso de la segunda (o tercera copa), alegría (para algunos) y tarjetas sobregiradas para otros (nos preocupamos en enero).

Desde hace tiempo no se estilan las campañas de prudencia en el consumo de bienes, los comerciales de PROFECO invitando a regalar afecto y no comprar el cariño o benevolencia familiar. Ahora es vital rehabilitar la economía impulsando el consumo. En directo conflicto de políticas públicas, la mesura y el ahorro contrapuestos al buen fin y el repunte de índice de confianza en el consumidor.

Pero quién tiene tiempo para reflexiones económicas. Mejor una vuelta por esas noticias insólitas que circulan en los medios cuando fatigados ven el año nuevo como una meta en la que tomar nuevos aires. Son los días en que cobran relevancia, por lo menos anecdótica, los concursos de belleza. Sea porque Iraq después de cuarenta años eligió a su primer Miss. Se trata de Shaima Qassem Abdulrahman (en su casa le dicen Shaimita) ¿Será la primera señal de que la nación está en proceso de sanación o una medida de marketing político para contrarrestar las ciudades tomadas por ISIS? No tengo miedo de nada, lo que hago no está mal dijo ante las amenazas de docenas de grupos extremistas que corrieron a comprar explosivos ante el desfile en traje de baño.

Los reality shows buscan nuevas maneras de sorprender al público (y a los competidores). Uno de los más venerados, el concurso de belleza, encuentra la vuelta de tuerca al estilo del mejor suspenso: Se trata del primer lástima Margarito (¿Se acuerdan?) del milenio. La colombiana tuvo unos segundos de gloria, tiara, flores, aplauso y luces y todo. Lo suficiente para poder contestar la obligada pregunta ¿qué se siente ser miss Universo?, pero ni siquiera los prometidos 15 minutos... Entonces Steve Harvey, rectifica vía una apurada nota de la asistente de producción: el título es para Filipinas.

La película más esperada del año se estrena con marcas mundiales en taquillas, y minutos después, centenas de neocríticos (o sea, usuarios de redes sociales), apuran listas de razones por las que no hay que verla, no funciona, es una decepción, no debieron estar el resto del año pensando en que se iban a poner para formarse en el estreno en el Cinépolis de la esquina. Lo más divertido del asunto es la pasión que despierta en algunos usuarios dispuestos a insultarse en nombre de la fuerza que ya no estará con ellos.

Todos conocemos a alguien que afirma que le volaron la laptop de su auto. El incauto la dejó sobre el asiento del acompañante mientras se bajó unos minutos al OXXO y al regresar ya no estaba ahí. Los imprudentes que dejan dispositivos electrónicos sobre el asiento en esta época (Santa Claus trabaja en modos misteriosos) pueden consolarse con la noticia del agente del servicio secreto estadounidense, esa institución encargada de guardar la seguridad del presidente más poderoso sobre la tierra (o por lo menos así les gusta decir en la tele). El dichoso agente dejó en su auto unas cosillas que no le hacía falta bajar por alguna razón y se las volaron: su placa, pistola, radio, esposas y una memoria USB. Esta última se incluye en el vergonzoso inventario y parece aludir que en ella se encontraba algo más que sus descargas de Spotify para oír en el auto.

Si hay horas que perder en estos días una sola recomendación: que no sean en la fila de una caja registradora, la taquilla para ver Star Wars o escribiendo en Facebook teorías de conspiración por el robo del título de belleza a Colombia.

Twitter @rgarciamainou