Es un hecho que la hipersensibilidad financiera de estos tiempos tiene su origen en los serios problemas financieros que presenta la zona euro.

Hoy Grecia, España y, de hecho, toda Europa son vistos como los responsables de todas las desgracias económicas del mundo.

Ahí está, por ejemplo, Barack Obama y sus afirmaciones de que Estados Unidos no está creando el suficiente número de empleos porque la sobra europea se posa sobre su economía.

Es un hecho que la hipersensibilidad financiera de estos tiempos tiene su origen en los serios problemas financieros de todo un bloque económico que hoy se juega su futuro, pero los temores se calman o se exacerban dependiendo de la realidad local de cada mercado.

Alemania, misma que es el corazón de la región de la moneda única europea, es hoy uno de los refugios favoritos de los capitales. Los inversionistas pierden dinero al comprar bonos alemanes, pero entienden que es de las pocas economías con una solidez probada en el campo de batalla financiero.

A mayor incertidumbre, son mayores los temores de los capitales en estos tiempos. Claro que, también, a mayor riesgo, mayor retorno.

Y hoy México tiene, entre otras, una incertidumbre que es causada por el sistema político que este país ha decidido seguir.

No hay duda de que cualquier elección democrática implica una incertidumbre sobre cómo pueden cambiar las cosas para un país.

Al nerviosismo internacional, que tiene su principal origen en Europa, no hay duda de que tenemos, necesariamente, que sumar el factor electoral. Los mercados son precavidos en torno del desempeño del proceso y, sobre todo, del resultado electoral.

A los inversionistas les gusta lo que tienen en México con una economía sólida, que ha aprendido de sus propios errores y que conserva finanzas sanas. Algo que pudiera alejar a este país de ese esquema es evidente que los espanta.

Hace un par de días se dio un muy buen debate organizado por el Instituto Federal Electoral entre los representantes de los temas económicos de los cuatro candidatos presidenciales.

Dos hechos destacan, el primero fue el intercambio de ideas, con mucho respeto pero con firmeza, entre Ernesto Cordero, del PAN, y Rogelio Ramírez de la O, del PRD.

El debate era la afirmación de que el tipo de cambio también se veía afectado por factores internos, como las encuestas electorales.

Para el representante de López Obrador, no tenía nada que ver lo interno, lo electoral, su candidato, con lo que ocurre con el peso. Por el contrario, el representante de Josefina Vázquez Mota, aseguraba que sí, que ese tipo de situaciones sí pegan en el ánimo de los capitales.

Más específicamente, el exsecretario de Hacienda y el titular de la Comisión de Cambios afirmó que la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador ganara la Presidencia espantaba a los capitales.

El temor vino de ese extraño ejercicio similar a una encuesta que empató al señor López con el señor Peña.

Ese debate lo ganó Cordero, porque tiene mucho más conocimiento de causa que el consultor privado Ramírez de la O.

Pero el otro punto a destacar del debate de los economistas son las escasas explicaciones que tanto el representante del PRI como del Partido Verde pudieron ofrecer sobre el desempeño económico. Lo cual es todo un tema, dadas las encuestas.

Pero el punto es que es un hecho que el tipo de cambio se mueve por factores electorales. La mejor muestra de que esto es correcto la encontramos en el análisis del comportamiento del peso frente al dólar durante al menos los dos últimos procesos electorales.

No tomamos en cuenta los años anteriores al 2000, porque la costumbre era una profunda crisis sexenal.

Pero, durante el 2000, durante los tiempos de campaña, cuando los mercados temían a un cambio tras 70 años de priísmo, el peso se depreció 9.92 por ciento. Al final ganó Vicente Fox y en los años siguientes el peso tuvo una muy notable apreciación.

Seis años después, el temor de los mercados ya no era Fox, era López Obrador. El personaje que mandaba al diablo a las instituciones y que era capaz de insultar al Presidente generó mucho temor en los mercados, el peso se depreció durante el 2006 9.96 por ciento.

Y este año electoral, año también de la crisis global, el tipo de cambio lleva más de 10% de depreciación. Y no hay duda de que una parte hay que apuntársela al proceso electoral mexicano.