Existe en la actualidad un número considerable de personas escépticas acerca del futuro de la economía nacional, derivado de los aciertos y los éxitos que logre la actual administración para diseñar e instrumentar las mejores acciones de política económica. No se trata solamente de las famosas reformas estructurales, mismas que habría que dejar por la paz, sino de todas aquellas cosas en las que se puede incidir y que redituarían en un mejor funcionamiento de muchos mercados. De hecho, la historia económica del país nos muestra que, al menos desde 1950, no hemos tenido una política económica coherente que busque resultados de largo plazo.

Las medidas se cambian al antojo, se ha reglamentado en exceso, la burocracia improductiva e ineficiente se ha multiplicado y la corrupción y falta de respeto al marco legal son cosas de todos los días. Cuando hablamos de las expectativas laborales de muchas personas, uno no puede imaginar cuántas personas, en verdad, esperan que su situación mejore en los próximos años, expectativa que se ve difícil de alcanzar, al menos en el corto plazo, entre otras por las siguientes razones.

Empezando por la burocracia, es más que obvio que lo que el gobierno requiere para elevar su eficiencia es recortar personal, en especial, los niveles duplicados de altos mandos, que realmente no hacen nada más que estorbar y gastar.

Si a esto añadimos la gente que saldrá, producto de los cambios de funcionarios que tengan lugar, habrá que sumar estas personas al elevado número de desocupados, preparados y con experiencia que ya están esperando a que haya una buena oportunidad. Luego, sumemos a todos aquellos que nunca pudieron entrar al sector formal y que sobreviven en la informalidad, esperando también la apertura de nuevas oportunidades.

Finalmente, debemos añadir a todos los jóvenes que cumplen con la edad para incorporarse a la Población Económicamente Activa, preparados o no. Y pongamos las cosas un poco más radicales, sumando las personas que emigraron al vecino del norte y, efectivamente, consideran que aquí hay mejores perspectivas. El resultado va a ser una férrea competencia por los nuevos puestos que se generen y quizá por algunos de los existentes, lo que implicará algunos años de salarios deprimidos. Con todo y reforma laboral, las perspectivas de generación de nuevos empleos no son muy optimistas, a excepción de los puestos en construcción y algunos servicios de baja productividad o lo que es lo mismo: habrá que esperar tiempos mejores.

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