La inflación de los últimos meses ha sido elevada con tasas alrededor del 6 por ciento. Su origen es un proceso inédito que responde a una combinación de choques de oferta y demanda en 2020, cada uno con su dinámica propia. Por el lado de la oferta, pegaron la afectación a las cadenas de suministro (internacionales y locales) debido a la suspensión de actividades económicas y cierres fronterizos.

La recesión afectó el lado de la demanda con presión a la baja en los precios finales, y muchos productores absorbieron los incrementos en el costo de sus insumos como por ejemplo en luz y gas. Ahora tratan de recuperar los aumentos que no efectuaron en 2020. Igualmente, en muchos bienes y servicios la variedad y disponibilidad decreció, lo que incrementa los precios. La combinación de estas condiciones singulares hace que los mecanismos de formación de precios relativos tengan que ser mejor entendidos y estudiados en su dinámica microeconómica. Es probable que la inflación tenga raíces más estructurales que la pueden mantener por un periodo más prolongado entre 5 y 6%, al menos hasta que concluyan los ajustes de los cuellos de botella en las cadenas de suministro. 

En ese contexto, el Banco de México aumentó su tasa de referencia en 25 puntos base; decisión acertada ante el desanclaje de las expectativas de inflación de corto plazo. Sin embargo, los ajustes de la política monetaria deberían considerar un horizonte de mediano plazo para afianzar una convergencia más rápida a la meta del 3 por ciento. Una complicación de la política monetaria es creer que opera como una relación mecánica entre tasas de interés e inflación: a X% de ajuste en la tasa, la inflación bajará Y% casi inmediatamente, sin rezagos. Múltiples estudios técnicos no avalan esta mecanicidad.

Por ello, el valor de la política monetaria no recae sólo en sus impactos cuantitativos, sino en su capacidad que tiene como un mecanismo de señalización para guiar las expectativas del mercado hacia la meta. A este respecto, la Junta de Gobierno emite señales a través del lenguaje de sus comunicados de prensa y reportes trimestrales, las minutas de las reuniones de política, los discursos, intervenciones públicas y mensajes en Twitter, y de los ajustes de su tasa de referencia. Así, la política monetaria es como un gran semáforo de señales que, si goza de credibilidad, es la guía para anclar la senda futura de la inflación.

Banxico indicó en el comunicado que “los choques que han incidido sobre la inflación son de carácter transitorio”, término también utilizado por la Reserva Federal. Es una expresión ambigua porque si no se acompaña de una dimensión en su duración, la transitoriedad no tiene sentido. La acumulación de varios meses de elementos persistentemente “transitorios” se convierte en una fuerza permanente. ¿En cuántos meses? He ahí la ambigüedad.

Herrera se incorporará en enero a la Junta de Gobierno y es muy probable que enfrente aún una inflación elevada y un ciclo alcista de tasas de interés. Ante este reto, tendrá que demostrar que sí está a la altura de quienes lo precedieron como gobernador para resolver crisis. 

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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