Señoras y señores, los participantes de la Gran Carrera por el Gran Premio de México 2018 comienzan ya a implementar los ajustes en sus estrategias.

En el equipo escarlata, el Lollipop Man, encargado de comunicar al piloto el progreso de las operaciones técnicas, ha llamado de emergencia a Tony El Irlandés a la zona de pits, cuando apenas había dado una vuelta, luego de la parada anterior en la que se dio el debate aquel entre corredores.

Los escarlatas andan rete preocupados porque su bólido nomás no desboca y despidieron ya a su líder de escudería, Kike Rezandero. Todo fue de manera repentina. Hay dos versiones: una que fue el campeón nacional, Copetón Peñón, el que dio un manotazo en la mesa y otras que fue el mismísimo Tony El Irlandés, el que de plano sacó de la jugada al señor de la corbatita. Le preguntaron quién había sido y el dijo “yo mero”.

En el cuarto de guerra, sólo se escuchó el bochornoso incidente. “Péeerenme tantito”, decía. “No hay que ser”. “Nuunca me hagan eso”. “Si ya que me dieron aire, por lo menos apoquínenle para el taxi”.

Nada. Le dijeron que sólo se conforme con la silla que le tocó en el sorteo de fin de año, pero que tiene que ir por ella a una maderería de por el rumbo de la Candelaria de Los Patos.

Salió encogido de los brazos, retorciendo su sombrerito ridículo y su saco dos tallas más grande.

Cuando apenas se despedía el desafortunado, reza y reza para que no le vayan a hacer otra jugada, sobre todo ahora que está criando, entró por una puerta lateral una bola de bucaneros encabezados por Perla Negra, el nuevo capitán del barco escarlata.

En su currículum, se puede leer que viene del sur, que es experto en navegar bajo las tormentas, que sus antepasados zarpaban del muelle que está frente al Fuerte de San Diego en Acapulco, Guerrero, y hay hasta quien asegura que uno de ellos era el encargado de dar entrada al Galeón de Manila.

Lo cierto es que el perla Negra se instaló en el puesto de mando. En la bitácora decía que el Rezandero debía quedar a bordo y él lo mandó al palo mas alto del barco y ordenó soltar amarras.

“Espérese”, le dijeron, “éste no es un barco, es una carrera y el que corre es El Irlandés y ya está sobre el asfalto”.

Lo primero que hizo fue sacar su catalejo para mirar a Tony desde lejos y soltó una pregunta: “¿Qué diablos arrastra el carro?”.

—¡Ah! es la marca— le dijo un asistente. —¿Usted dice si la cortamos?

No se supo qué contestó, pero se rasco la cabeza y se le vio morado.