Fue el 19 de noviembre del año pasado cuando el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, compareció ante los periodistas del elenco de Tercer Grado. Durante la conversación manifestó que la corrupción “es tanta que no alcanzarían las cárceles ni los juzgados”. Agregó: “si somos honestos, como lo somos, tendríamos que empezar por los de arriba, de tiempo atrás y eso nos metería en un pantano de confrontación”.

Al día siguiente, ante la prensa, AMLO ratificó lo dicho en la televisión y manifestó que habría perdón y punto final para los corruptos. (Muchos —me incluyo— pensamos ya bailó Bertha las calmadas, cuando menos deberían de caer un par de peces gordos para poner en claro que la lucha contra la corrupción, tan pregonada en su campaña, es algo que va en serio). Nos sirvió de consuelo que dijera que todo lo que estuviera en proceso —en ese momento pensé en Emilio Lozoya— se va a concluir y lo resolverá la autoridad competente.

Dos días después, en entrevista con Carmen Aristegui, inducido por la insistencia de ésta, dio marcha atrás a lo que dijo las dos veces anteriores y se comprometió a realizar una consulta legal, para determinar si se juzgaría o no a los ex presidentes por corrupción. Inclusive la periodista formuló la pregunta de la consulta: “¿Crees que Andrés Manuel, presidente de México, debe promover que se juzgue para que haya justicia y no sólo se persiga a chivos expiatorios y se revisen las responsabilidades en delitos de corrupción y otros a Carlos Salinas, a Zedillo, a Fox, a Calderón y a Peña Nieto? Sí o no”.

La misma Carmen —más insistente que un cobrador bancario— lo convenció de agregar otras dos interrogantes a la consulta: una sobre la conveniencia o no de que el presidente tuviera un grupo de asesores, integrado por empresarios, para que le recomendaran proyectos productivos; la otra para saber si los ciudadanos estarían de acuerdo o no con la propuesta presidencial de constituir una Guardia Nacional para garantizar la seguridad en el país.

Se fijó como fecha de la consulta el 21 de marzo del 2019, previa reforma al artículo 35 constitucional, y bajo la organización del Instituto Nacional Electoral (INE).

A dos días del 21 de marzo, el artículo 35 constitucional no se ha reformado por lo que no puede haber consulta sobre el castigo para los ex presidentes; el Ejecutivo, sin consultarlo, puesto que no es su obligación hacerlo, nombró a los asesores empresariales, y la Ley sobre la Guardia Nacional ya fue aprobada por el Poder Legislativo.

Conclusión: Lo que hizo López Obrador con Carmen Aristegui es lo que coloquialmente se dice “darle el avión” y no precisamente el presidencial que sigue en venta.

Reelección y Tatiana

El que escribe lo que usted lee no será carpintero pero sus trompos le bailan. En mi columna del pasado jueves escribí que la derogación en la papelería oficial de la expresión maderista: “Sufragio Efectivo. No reelección” le ocasionaría al Primer Mandatario el que sus adversarios —que los tiene agazapados y algunos hasta se hacen pasar por sus amigos— se le echarían encima argumentando que la supresión del mencionado lema, aunado a la reforma constitucional para incluir la revocación de mandato, son medidas con fines proselitistas para perpetuarlo en el poder.

Así sucedió. Y entre mayor énfasis haga el oriundo de Tabasco sobre el tema: “voy a servir seis años y a finales de 2024 termino mi mandato (...) No voy a reelegirme, firmado, tengo palabra (...) voy a hacer un compromiso público”, más dará de qué hablar sobre el tema de manera negativa para su causa.

Apenas rebasados los cien días de gobierno y ya se está hablando de reelección. Como diría el filósofo de Parácuaro, Michoacán, que se avecindó en Ciudad Juárez, Alberto Aguilera, al que conocimos como Juan Gabriel: “Pero, ¿qué necesidad?”.

Tatiana Clouthier, en su libro “Juntos hicimos historia”, de reciente publicación, donde narra de manera clara, ágil y de fácil lectura, las peripecias que pasó durante la campaña de AMLO, trata este asunto de una manera inteligente, reproduzco su texto: “Cuando Andrés Manuel hablaba de la no reelección, yo me ponía muy nerviosa porque si él está seguro de que no aspira a reelegirse, no tenía sentido ponerlo en la mesa. Es como si yo le dijera a mi marido: ‘No me voy a divorciar de ti’. Pues si no está en mis planes, para qué lo saco, corro el riesgo de dar un mensaje equivocado. Hablar de la reelección era innecesario porque entonces se reforzaba el tema en el inconsciente colectivo (...) Yo le compartía esta reflexión a Andrés Manuel, pero él insistía en que no había problema (...) Considera que quien está buscando esa nota va a decir: ‘Andrés Manuel dijo no a la reelección’ y entonces la gente va a conjeturar: ‘¡Ah! Entonces sí lo traía en mente’”.

En el mencionado libro, la hija de Maquío también relata cómo y por qué fue su separación del Partido Acción Nacional (PAN). Ya habrá oportunidad de comentarlo.

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El que entiende a las mujeres comprende por qué la pizza es redonda, viene en caja cuadrada y se come en triángulo.

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Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.