Históricamente, México se caracterizó por registrar los precios de telecomunicaciones más altos entre países de la OCDE, y de los más altos del mundo. En años anteriores tuvo lugar una ganancia en competitividad tarifaria por la disminución significativa del INPC en su componente de telecomunicaciones.

Dos han sido las fases identificables por la dinámica de precios. Primera, de marcado descenso, acompañado de alguna ganancia en indicadores de competencia, seguida por un estancamiento y rigidez de precios y mínima ganancia en competencia. Incluso es ya identificable una tendencia de reconcentración, según se describe a continuación.

Fases de la evolución de los precios

En la primera fase, tuvo lugar una marcada rampa descendente de precios, que resultó en una reducción de 24.2% entre marzo del 2014 y julio del 2016; la baja correspondiente al segmento móvil alcanzó 40.9% (Inegi).

Esta trayectoria fue atribuible a tres factores con diferente incidencia y magnitud de impacto.

Uno, y el más importante, el marco legal que determinó la desaparición de la larga distancia nacional, la prohibición de discriminación de tarifas fuera (off-net) y dentro de red (on-net), así como el cobro por la terminación de llamadas en la red del preponderante (AEP-T, América Móvil). Dos, el mercado, por la entrada de un jugador disruptivo (AT&T) y su acción competitiva al eliminar cargos de roaming y larga distancia internacional, sumado a agresivos esquemas tarifarios en pospago y prepago. Y tres, en menor magnitud, la regulación asimétrica que se ha aplicado parcialmente y que incluso se ha revertido, como es el caso de la llamada “tarifa cero” de interconexión.

En la segunda y actual fase, la evolución de los precios prácticamente se estanca por el relativo agotamiento del modelo regulatorio. El INPC Telecom se redujo tan sólo 2.0% entre el 2016 y el 2018, es decir, casi dos años sin que los consumidores mexicanos se beneficien por mejoras tarifarias, poniendo en riesgo los avances en competitividad tarifaria y, con ello, el bienestar de los consumidores, causado por la persistente falta de competencia e incluso por una reconcentración de mercado a favor del AEP-T.

Precios y bienestar de los consumidores

Según la medición de la OCDE (http://bit.ly/2XtriS1, 2012), los elevados precios se traducen en pérdidas del bienestar de los consumidores, efecto de los excesivos e injustificados cargos realizados por consumo de servicios, derivados de la falta de competencia en el mercado y del cobro de sobreprecios al usuario final.

Ahí, apuntaba que las pérdidas ascendían a 1.8% del PIB por año, equivalente a 284,720 millones de pesos. Este monto es, por ejemplo, superior al PIB generado por la fabricación de automóviles y camiones, por la industria minera y de cría y explotación de animales durante ese año. Esa pérdida en bienestar del consumidor es también aproximada al presupuesto federal asignado en el mismo año a la educación pública y al pago de la deuda pública. Supera 3.4 veces aquel destinado al desarrollo social, 3.3 veces el de comunicaciones y transportes y 2.5 veces el dedicado a la salud pública.

Una actualización que emplea la misma metodología y fuentes del análisis de la OCDE documenta que la merma en el bienestar de los consumidores pasó a ser 38% inferior, para ubicarse en 1.1% del PIB por año (The CIU, http://bit.ly/2WMUrdK). Ello, por la baja de precios descrita y por su consecuente efecto al alza en su consumo y contratación de servicios.

Pero no debe perderse de vista que ese 1.1% sigue siendo una pérdida de bienestar del consumidor que alcanza 225,323 millones de pesos. Aún continúa siendo una extracción del excedente de los consumidores que resulta del efecto anticompetitivo que ejerce el AEP-T sobre el conjunto de jugadores del mercado.

En los tres trimestres más recientes se documenta una reconcentración a favor del preponderante, que refuerza el también persistente escenario de estancamiento de precios.

Esto, adicionalmente, da pauta a mayores mermas en el bienestar de los consumidores mexicanos.

Ernesto Piedras

Director General de The Competitive Intelligence Unit

Inteligencia Competitiva