La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) ha contestado a Teléfonos de México (Telmex) que no modificará su título de concesión para eliminar la prohibición expresa que le impide prestar, directa o indirectamente, cualquier tipo de servicios de TV. El motivo manifestado por la dependencia es que Telmex ha incumplido con las condiciones establecidas en el Acuerdo de Convergencia, publicado por el exsecretario Pedro Cerisola días antes de dejar el cargo. Ya he explicado en esta columna mi opinión sobre la ilegalidad de ese curioso acuerdo, que viola flagrantemente la prohibición de modificar las concesiones otorgadas antes de 1995, por lo que no será este el tema de mi columna. El asunto es de mayor trascendencia. Telmex, el secretario Pérez Jácome, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) y toda la industria están inmersos en una madeja jurídica creada por pequeños y transitorios señores feudales.

Me explico. De manera totalmente arbitraria, el exsecretario Cerisola no sólo pretendió modificar el título de concesión de Telmex en contra de lo establecido en la ley, sino además le aventó la pelotita a la Cofetel para que se cerciorase de que Telmex cumple con todas las condiciones de su título de concesión y del Acuerdo de Convergencia en un plazo máximo de 60 días. De no hacerlo en tiempo, por obra y gracia del señor feudal, se entendería por afirmativa ficta –por ficción, para ser claros- que Telmex había cumplido con todo. Este regalito es grave por varios motivos: (i) la regla general es que las autoridades tienen tres meses para contestar, no 60 días; (ii) la regla general establece que la falta de respuesta por parte de la autoridad deberá entenderse en sentido negativo, no positivo, y (iii) el título de concesión de Telmex establece infinidad de obligaciones de cobertura universal cuya supervisión requiere de un gran equipo de verificadores en campo, del cual la Cofetel carecía y carece. Es claro que la intención de Cerisola era que la Cofetel no terminara su verificación y por tanto se entendiese, por ficción, que Telmex cumplía con todo.

El Acuerdo de Convergencia es una argucia para acceder a las pretensiones de Telmex, aparentar legalidad y aventarle la responsabilidad a la Cofetel. La relación entre la SCT y la Cofetel siempre ha sido así, no se trata de un mal exclusivo de la época del exsecretario Cerisola. Desde su nacimiento, la Cofetel ha sido utilizada por el Secretario y Subsecretario en turno para hacer el trabajo sucio o para ser el chivo expiatorio de sus fechorías. La Cofetel nació castrada. Es un triste títere eunuco dependiente de las veleidades e intereses políticos de los reyezuelos que despachan en Xola. Siempre he tenido una duda: aquel que diseñó la naturaleza jurídica y atribuciones de la Cofetel o es un genio o es un reverendo imbécil. Si lo que quería era una entidad burocrática que simulara regular pero que en la práctica no pudiera hacer nada, es un genio; si, por el contrario, quería un verdadero órgano regulador con autonomía técnica y operativa, es un verdadero imbécil. En materia de telecomunicaciones, la Cofetel tiene atribuciones para verificar, pero no para imponer sanciones -esta atribución se la reservaron en Xola-, hace la talacha para el otorgamiento de concesiones y permisos, pero no tiene atribuciones para otorgarlos, modificarlos o revocarlos –esta facultad también se la reservaron en Xola-, además, todas sus resoluciones son meras opiniones que no vinculan a la SCT y que en Xola pueden ser modificadas o simplemente desatendidas. Cuando en Xola quieren quedar bien con alguien, ellos se cuelgan la medallita; cuando quieren buscar culpables, ahí está la Cofetel.

No me queda la menor duda de que este absurdo sistema de doble ventanilla fue ideado por funcionarios públicos que querían mantener su poder, sin importarles la sana regulación ni el desarrollo del país. Aún no entiendo por qué los burócratas se piensan eternos. Por qué se esfuerzan tanto en gritar, como el loco de la plaza de Cinema Paradiso: ¡La plaza es mía, la plaza es mía! . Aún recuerdo que cuando Javier Lozano fue Presidente de la Cofetel estuvimos a nada de que todas las atribuciones que se había reservado la Subsecretaría de Comunicaciones fueran transferidas a la Cofetel, con el fin de eliminar, de una vez por todas, la doble ventanilla. En aquella ocasión, varios burócratas envidiosos convencieron al Presidente Zedillo de que no le podía dar tanto poder a Javier Lozano.

Como si el poder se le diera a las personas y no a las instituciones. Recuerdo también que en una conferencia de prensa, durante mi fugaz paso por la Cofetel, dije que lo más importante era eliminar la doble ventanilla. Cerisola se enteró y me mandó un claro mensaje: La única ventanilla soy yo . Secretarios, subsecretarios y comisionados de la Cofetel van y vienen y la Cofetel sigue siendo un eunuco. ¿En qué momento los burócratas se darán cuenta de que son transitorios e intrascendentes y que sólo las instituciones permanecen? ¿Cuándo tendremos estadistas en lugar de pequeños señores feudales?