“Habla con tus amigos, familiares y vecinos, diles tus aspiraciones y sueños para tu comunidad y para el país. Cuando todos votamos, determinamos nuestro futuro”, dice Michelle Obama en el video “When we all vote”, lanzado el jueves pasado.

La campaña de la ex primera dama ha sido criticada en columnas de medios estadounidenses por su neutralidad en un momento en que el partido Demócrata —que llevó a su esposo a la Casa Blanca— necesita refuerzos para lograr la mayor cantidad de votos en las elecciones legislativas y recuperar la mayoría que tienen los republicanos.

El próximo 6 de noviembre, Estados Unidos renovará los 435 curules de la Cámara de Representantes y un tercio de los 100 del Senado, pero esta contienda tiene algo especial: la lucha por los escaños no será sólo entre los dos grandes partidos, es también una de género en los tiempos de un presidente abiertamente misógino que también necesita un contrapeso en este tema.

Michelle es una de las mujeres más influyentes de Estados Unidos; es, incluso, 10 puntos más popular que su esposo Barack y siete más que el ex vicepresidente Joe Biden y ni ella, ni alguna otra mujer, han puesto en el radar que se trata de la elección con más candidatas registradas en la historia —67% más que en el 2016— ni han llamado al voto para romper con el predominante perfil de legislador: hombre, blanco y mayor de 50 años.

Actualmente la Cámara tiene 89 legisladoras, 20% del total. Sólo 10% de las filas republicanas son mujeres y 33% demócratas. Con una relación cinco a uno, Estados Unidos es de los países desarrollados con menor paridad de género en el Congreso: Suecia y México tienen una mujer por cada 1.3 hombres, Finlandia y Noruega tienen una relación de 1 por 1.4 y España y Dinamarca, cifras parecidas. Estados Unidos se ubica más cerca de países como Turquía o Noruega.

Según encuestas recientes —actualizadas al 20 de julio— sólo nueve mujeres —siete demócratas y dos republicanas— llevan una cómoda ventaja sobre sus rivales; hay otras 27 en empates técnicos y decenas van abajo.

¿Por qué importa que haya curules femeninos?

Históricamente han sido mujeres quienes empoderan mujeres. Jeannette Rankin se convirtió en 1917 en la primera legisladora, su tema fue el sufragio femenino; Patsy Matsu, la primera mujer no blanca electa en 1965 promovió la paridad educativa y Shirley Chisholm, la primera negra que logró entrar al Congreso, peleó por guarderías y salarios. Un estudio hecho con 500,000 discursos dados en la Cámara de 1994 a la fecha determinó que los temas impulsados por las mujeres son salud, derechos civiles y laborales, y medio ambiente.

Si los sueños de la comunidad estadounidense de los que habla Michelle incluyen mejoras en alguno de estos últimos cuatro temas, el electorado debería pensar en rosa y no sólo en rojo y azul cuando salga a votar el próximo noviembre.