Pareciera que a todos nos tomó por sorpresa el semáforo rojo en la Ciudad y Estado de México, después de semanas mientras conocíamos los tantos tonos de naranja que existen cuando se está en naranja con alerta.

La semana pasada platiqué con el director del Centro Estatal de Vigilancia Epidemiológica del Estado de México, al preguntarle si nos hizo falta un paso entre el naranja y el rojo, respondió algo simple pero clarificador: es que estando en naranja tendríamos que habernos comportado para llegar a amarillo, no rojo.

Es cierto, el amarillo nunca estuvo en nuestra cabeza, no de la ciudadanía y quizá tampoco en las acciones desde el poder. Y claramente en la Ciudad de México se tomaron medidas diferenciadas pero los resultados no fueron los ideales ¿por qué?

Me atrevo a pensar  que se debe a que nuestro comportamiento ante la pandemia es idéntico a nuestro comportamiento ante la autoridad en general.

El viernes, cuando el semáforo rojo ya había sido anunciado para empezar al día siguiente, las calles y centros comerciales lucieron abarrotados. Para el sábado, cuando el comercio formal fue obligado a cerrar sus puertas, los informales hicieron la aparición.

El coche que se estaciona en doble fila a un lado de una patrulla, quienes ignoran olímpicamente la invitación a escanear el código QR, quienes deciden que sí pueden hacer reuniones, todos nuestros comportamientos en pandemia y sin ella son un ejemplo de que la acción y figura de nuestras autoridades son un ornato.

Me queda claro que los ciudadanos somos en gran parte responsables de lo que estamos viviendo, que aunque nos guste que nos traten como adultos, no tenemos un solo incentivo para empezar a hacerlo.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.

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